Rosario, ciudad violenta: 1 de cada 4 víctimas de crímenes es un adolescente

Del 1° de enero al 31 de agosto de este año hubo 23 homicidios de jóvenes de 15 a 20 años. Sólo el 10% fue por robo. La mayoría respondió a ajustes por drogas o a la rivalidad entre bandas barriales.


Alan Rojas tenía 17 años. La edad en la que muchos jóvenes proyectan, sueñan, se ilusionan con una vida que está por venir y que en el horizonte asoma interminable. A Alan la cuenta de los cumpleaños se le agotó en 17, después de un enfrentamiento a balazos con la Policía de Rosario. Había robado una cartera y huía con su hermano mayor. Irina Acosta tenía también 17 años y Fabio Costa, su novio, 16.

Los mataron a balazos después de una fiesta . La investigación apuntó a un error ejecutado por gente vinculada al tráfico de drogas o a una motivación pasional.

A Nicolás Varela, de 16, lo asesinaron cuando estaba junto a su novia.

Le quisieron robar la moto y terminaron disparándole en la cabeza.

Las historias de Alan, Irina, Fabio o Nicolás se tocan en un punto. Todos forman parte de una estadística inquietante: uno de cada cuatro homicidios ocurridos en Rosario entre el 1° de enero de este año y el 31 de agosto fue cometido contra jóvenes de entre 15 y 20 años . Fueron 23 casos: una chica y 22 varones.

Representan el 24 por ciento del total , que en los primeros ocho meses acumuló 95 homicidios en la ciudad de Rosario. La estadística es únicamente sobre la ciudad de Rosario, sin contar a las localidades vecinas.

Sólo el 10 por ciento de los casos se produjo en ocasión de robo.

Para evaluar el alcance de este fenómeno que involucra a los jóvenes, Clarín intentó comparar las estadísticas con otras grandes ciudades del país, pero resultó imposible. Muchos gobiernos recelan esos datos, evitando mostrar una realidad compleja y creciente en distintas regiones.

La víctima más joven de este año en Rosario fue Alejandro Dermiño.

Tenía apenas 15 años. Le pegaron tres tiros cuando viajaba en su moto, en el barrio Tablada, una de las zonas más inseguras de la ciudad. A Dermiño lo encontraron muerto junto a la moto en los primeros minutos del 1° de enero.

En el registro policial quedó apuntado como el primer asesinato del año. Hasta el 31 de agosto era, además, el de más corta edad.

Los ejecutores gritaron su nombre antes de tirar.

Lo conocían, algo que en estos casos es habitual entre víctima y victimario.

La mayoría de estas muertes están incluidas en el universo de los conflictos interpersonales.

Francisco Broglia, ex director de Prevención y Seguridad Comunitaria de Santa Fe y docente de Criminología de la Universidad Nacional de Rosario, explicó a Clarín que es repetido el “intercambio violento” entre jóvenes que forman bandas que se identifican con plazas, calles o esquinas.

Ese proceso busca la “ construcción de identidad, respeto y reconocimiento” en el barrio .

“A veces la violencia es casi la única propuesta disponible para construir status en el barrio, para ser alguien”, planteó Broglia.

Participar de economías informales y delictivas es otro elemento para ganarse el respeto.

Muchos terminan convertidos en “soldaditos”, usados para el comercio de droga.

Altos jefes policiales tienen el convencimiento de que el comercio de droga se ha convertido en un negocio tentador para los jóvenes. Participan de él buscando “dinero fácil” y sin advertir peligros. Broglia no desestima ese elemento, pero cree que las disputas son en general por cuestiones más “triviales”.

La radiografía de las víctimas marca algunos rasgos comunes : son expulsados tempranamente del ámbito escolar, no tienen chances de insertarse en el mercado laboral y quieren progresar económicamente. Otra característica común: excepto una, el resto de las víctimas fueron ejecutadas con armas de fuego . En un puñado de casos lograron detener a los agresores. Algunos apenas tenían 15, 17 o 19 años.

El comisario Daniel Corbellini, quien durante años tuvo a su cargo la sección Homicidios y actualmente está al frente de la división de Orden Público, advierte que los jóvenes se manejan sin tener en cuenta barreras a las que “traspasan permanentemente”.

La figura del asesinato instalada entre adolescentes o jóvenes de muy corta edad horroriza en Rosario. Es una postal cuyas piezas centrales, juventud y muerte, parecen no encajar.

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