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Gustavo Di Iorio: “Para cruzar con todo el convoy el puente Chaco Corrientes hay que ser Messi de la navegación”

Gustavo Di Iorio: “Para cruzar con todo el convoy el puente Chaco Corrientes hay que ser Messi de la navegación”

Gustavo Di Iorio Practico Fluvial
En el episodio 99 de Up River, el análisis del cruce por el puente General Manuel Belgrano abrió una discusión de fondo sobre los límites entre la desregulación económica y la preservación de activos críticos. La inercia de 25.000 toneladas, el riesgo de fracturar el único nexo terrestre entre Chaco y Corrientes, y la tensión entre los tiempos de la navegación y las resoluciones administrativas en un río con creciente histórica.
15-10-2026 09:24 AM
En el episodio 99 de Up River, el análisis del cruce por el puente General Manuel Belgrano abrió una discusión de fondo sobre los límites entre la desregulación económica y la preservación de activos críticos. La inercia de 25.000 toneladas, el riesgo de fracturar el único nexo terrestre entre Chaco y Corrientes, y la tensión entre los tiempos de la navegación y las resoluciones administrativas en un río con creciente histórica.

El debate en torno a los costos operativos de la Vía Navegable Troncal suele abordarse desde planillas de cálculo, márgenes de flete y consignas de simplificación burocrática. Sin embargo, cuando las decisiones regulatorias colisionan con la hidrodinámica fluvial y la resistencia de materiales de una infraestructura vial irreemplazable, la discusión deja de ser una disputa sectorial para transformarse en un asunto de seguridad estratégica.

Ese fue el eje conceptual que articuló la emisión 99 de Up River, el ciclo conducido por el periodista Nicolás Carugatti y el exsubsecretario de Puertos y Vías Navegables Jorge Metz, junto al especialista en navegación fluvial Gustavo Di Iorio. La controversia originada tras las declaraciones del ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger —quien catalogó como un costo artificial o “curro” la obligación de desarmar los trenes de empuje para cruzar el puente interprovincial General Manuel Belgrano— sirvió como punto de partida para examinar una problemática mucho más profunda: qué ocurre cuando las políticas públicas pretenden legislar ignorando las leyes de la física y la geografía.

El puente como punto único de falla

El primer concepto rector que atraviesa la problemática es el de vulnerabilidad estructural. El puente General Belgrano no es una alternativa de paso optativa; constituye el único cordón umbilical carretero que mantiene integradas a las provincias de Chaco y Corrientes. Su eventual inhabilitación por daño severo significaría aislar el tránsito terrestre de dos economías regionales completas, con un impacto social, productivo y sanitario incalculable.

Desde finales de los años noventa, con la consolidación del transporte por empuje a gran escala, las formaciones de barcazas alcanzaron dimensiones que promedian los 250 a 290 metros de eslora, movilizando convoyes que desplazan entre 20.000 y 25.000 toneladas brutas. A diferencia del transporte terrestre, en el agua no existe un sistema de frenado mecánico: la detención de semejante masa depende exclusivamente de calcular la inercia con cientos de metros de anticipación y balancear la potencia de empuje frente a la fuerza del cauce.

Las estadísticas técnicas revelan que cerca del 98 por ciento de los impactos registrados en las últimas décadas no se produjeron sobre las defensas accesorias, sino directamente contra la estructura de los pilotes portantes, casi siempre sobre la misma pila del lado correntino, donde la corriente incide de manera cruzada. Cada impacto acumulado representa fatiga material para un viaducto con medio siglo de servicio. La obligatoriedad del fraccionamiento no nació como un dispositivo comercial, sino como un coeficiente de seguridad indispensable para mitigar la energía cinética liberada ante un eventual error humano de maniobra.

La falacia del falso dilema entre burocracia y seguridad

Otro de los nudos conceptuales radica en la confusión recurrente entre la regulación de la seguridad náutica y la eventual distorsión en la tarifa de los servicios conexos. Calificar una norma de navegación preventiva como un negocio cautivo implica confundir el síntoma con la causa.

Si en la cadena logística existen abusos tarifarios o situaciones de monopolio natural en los amarraderos donde deben esperar las barcazas fraccionadas, la función del Estado radica en auditar, transparentar y regular las condiciones de habilitación y cobro de esos espacios. Lo que el análisis técnico desaconseja es desmantelar la norma de seguridad para resolver una controversia comercial privada. Eliminar el fraccionamiento de convoyes para abaratar los costos de amarre equivale conceptualmente a suprimir los límites de velocidad o la prohibición de estacionar bajo el argumento de que las grúas de acarreo representan un negocio particular.

La eficiencia logística no puede alcanzarse a costa de transferir el riesgo operacional al patrimonio público nacional. Cuando se flexibilizan los márgenes de seguridad para acelerar el tránsito de flotas —en su gran mayoría de bandera extranjera—, el beneficio del ahorro de medio día de viaje queda privatizado en la rentabilidad del flete, mientras que el costo de un colapso estructural queda estatizado sobre la infraestructura argentina.

Geografía comparada: el error de traspolar escenarios

El análisis comparativo regional desmonta otro argumento frecuente del plano discursivo: la idea de que la normativa argentina es una anomalía en el continente. En el transporte fluvial, las reglas no se unifican por decreto, sino por las características de cada cuenca.

En Brasil, el fraccionamiento de convoyes es una práctica habitual y obligatoria en pasos críticos y angostos. En la propia república del Paraguay, el histórico puente Remanso Castillo exige el desmonte de las formaciones debido a su traza antigua. La única excepción contemporánea la constituye el puente de la Ruta Bioceánica, una obra diseñada recientemente con vanos de amplitud extraordinaria, emplazada en un tramo del río Paraguay donde el agua corre en línea recta y con una velocidad seis veces inferior a la fuerza hidrodinámica que caracteriza al río Paraná en la confluencia con Corrientes.

Comparar infraestructuras diseñadas en épocas distintas y sometidas a regímenes hidrológicos dispares introduce un sesgo metodológico peligroso en la toma de decisiones públicas.

La crecida extraordinaria como límite de la teoría

El último elemento que impone el principio de realidad es la naturaleza. La discusión técnica sobre el viaducto coincide temporalmente con un ciclo hidrológico extraordinario que ubica al río Paraná en su nivel más alto de los últimos once años, con marcas que superan los 32 metros en el hidrómetro de Puerto Iguazú y velocidades de corriente que rebasan los 7 kilómetros por hora.

En estas condiciones hidrodinámicas, el margen de corrección náutica se reduce drásticamente. Pilotos con años de trayectoria habitual en bajantes o aguas medias enfrentan por primera vez fuerzas de empuje que tornan ingobernables formaciones sobredimensionadas. Frente a este fenómeno, las autoridades dispusieron restricciones operativas aún más severas para resguardar las pilas del puente.

El transporte fluvial sobre la Vía Navegable Troncal expone así una tensión permanente entre la búsqueda de competitividad y los condicionantes físicos del territorio. Avanzar hacia un sistema logístico moderno exige desarmar burocracias parasitarias y fiscalizar monopolios, pero comprendiendo que la seguridad estructural de los pasos interprovinciales constituye un límite innegociable frente a cualquier simplificación teórica.

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