El exfiscal rosarino Mariano Ríos Artacho se quebró este lunes durante la audiencia realizada en el Centro de Justicia Penal de Rosario y realizó una fuerte confesión ante la Justicia: “Soy ludópata”.
Ríos Artacho, quien permanece detenido desde la semana pasada, está acusado de ser el jefe de una asociación ilícita que durante aproximadamente siete años habría llevado adelante maniobras para desviar dinero depositado en cuentas judiciales a nombre del Ministerio Público de la Acusación (MPA).
Durante su declaración, el exfuncionario asumió la responsabilidad por los hechos que se le atribuyen, pidió perdón a su familia y reconoció el manejo irregular de los fondos. Según trascendió, admitió que utilizaba las cuentas judiciales “como una caja de ahorro propia”.
En medio de la exposición, Ríos Artacho se mostró visiblemente afectado y señaló a la ludopatía como uno de los factores que habría incidido en su accionar. Su declaración se produjo en el marco de la investigación que lo tiene como principal acusado por una serie de maniobras que habrían permitido retirar dinero de cuentas judiciales mediante personas de su entorno.
Siete años de maniobras
De acuerdo con la investigación de la Unidad de Investigación de Delitos Cometidos por Funcionarios, las maniobras se habrían desarrollado al menos entre 2017 y mediados de 2024.
Durante ese período, Ríos Artacho se desempeñaba como fiscal de Delitos Económicos de Rosario. La hipótesis de la acusación es que desde su posición habría encabezado una estructura que permitió generar y retirar fondos depositados en cuentas judiciales.
La investigación calcula que el perjuicio supera los $400 millones y atribuye a los involucrados numerosos hechos de peculado, fraude y falsedad ideológica, además de la asociación ilícita.
El final de su carrera como fiscal llegó en 2024, cuando se encontraba bajo un proceso de destitución impulsado por la Legislatura provincial y finalmente decidió renunciar a su cargo.
Una confesión en medio de una causa millonaria
La declaración de Ríos Artacho se produjo mientras la Justicia intenta determinar el grado de responsabilidad de cada uno de los integrantes de la presunta organización.
El exfiscal, que después de abandonar el Ministerio Público retomó su actividad como abogado defensor, quedó en el centro de una investigación que ahora suma un elemento que podría ser analizado por la Justicia: su propia admisión de padecer una adicción al juego.
La defensa ya había planteado que la ludopatía atravesaba a algunos de los imputados y que esa problemática debía ser considerada al momento de evaluar sus responsabilidades y las medidas cautelares.
Sin embargo, el reconocimiento de una adicción no implica por sí mismo la eliminación de la responsabilidad penal. La discusión jurídica estará ahora centrada en determinar qué valor puede tener esa circunstancia dentro de la causa y frente a los delitos que la Fiscalía atribuye al exfiscal y al resto de los acusados.







