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Stranger Things 3: hormonas alborotadas, monstruos que vuelven y signos de época

La tercera temporada de la serie comienza este jueves 4. Con qué se van a encontrar los fanáticos


Tras una espera de casi dos años, hoy jueves 4 de julio se estrena la tercera temporada de Stranger Things, la serie de ciencia ficción de Netflix creada por los hermanos Matt y Ross Duffer que atrajo a millones con su impronta ochentosa.

El acceso al primer capítulo da indicios de algunos cambios en los chicos y en el clima general de Hawkins y su gente. Hay más color y escenas diurnas que en las entregas anteriores. Pero la primera conjetura relativa a la trama de terror/sobrenatural de la historia es: más de lo mismo.

Es verano de 1985, un año después del final de la segunda temporada. Los chicos han crecido. Están en plena etapa de transición a la adolescencia y los conflictos internos de la pandilla están atravesados por tensiones hormonales. Eleven (Millie Bobby Brown) y Mike (Finn Wolfhard), y Lucas (Caleb McLaughlin) y Max (Sadie Sink), ya son más que amigos.

Dusty (Gaten Matarazzo) también alardea con tener una novia en Utah, y pasa más tiempo con su nuevo y ‘adulto’ mejor amigo Steve Harrington (Joe Keery). El único que se resigna al cambio es el sufrido Will (Noah Schnapp) -parece alojar resabios traumáticos de su encuentro cercano con el Monstruo Sombra-, que quiere seguir jugando en el sótano de su casa.

También entre los grandes se anticipan reencuentros y/o tensiones en sus vínculos. Nancy Wheeler (Natalia Dyer) y Charlie Heaton (Jonathan Byers) están juntos, pero ambos trabajan en el diario local de Hawkins y uno de los dos no está muy contento con su rol.

El sheriff Jim Hopper tiene que lidiar con Eleven y sus salidas programadas mientras intenta superar los traumas del pasado -recordemos que se reveló que tuvo una hija que murió de cáncer– para reconquistar a Joyce Byers (Winona Ryder), quien todavía está afectada por la pérdida de Bob Newby (Sean Austin).

De entrada, el humor inocente de Stranger Things está más presente en esta tercera entrega: en la dinámica antinómica nerd-popular entre Dusty y Steve; en el espíritu perdedor siempre latente en Jim Hopper: y en la carencia de convenciones sociales de Eleven, criada desde chica como ratón de laboratorio.

La nueva temporada también revela algunos signos de la época. Una de ellas es la irrupción de los shopping mall como centro neurálgico del pueblo, la novedad que atrae a niños, adolescentes y adultos. Y que a la vez, deja en bancarrota a los históricos comerciantes locales como Joyce. Se vislumbra que una gran parte de la historia se desarrollará ahí.

Otra alusión a los ’80 es la presencia de ¿espías? rusos. Aunque en 1985 estaba en su ocaso, eran tiempos de Guerra Fría entre los Estados Unidos y la Unión Soviética.

Los hermanos Duffer aprovechan todo esa simbología para mostrar nuevas referencias a películas de esos años, como ese militar ruso entrenado como máquina de matar que recuerda al Arnold Schwarzenegger de Terminator. Y se mantiene esa atmósfera spielbergiana y stephenkingiana, repleta de guiños y secuencias que remiten a Los Goonies, E.T. o Cuenta conmigo, entre otras

Como se dijo: la historia de dimensiones alternativas y suspenso se vislumbra similar -por no decir repetitiva- a las dos primeras temporadas. El Monstruo Sombra o Demogorgon sigue latente en algún lugar de Hawkins, encuentra un nuevo huésped y empieza a corporizarse a través de ratas.

Resta saber qué papel jugarán los rusos, quienes logran abrir su propio portal al “Otro Lado”. Y claro, cuánto más tendrá que sacrificar Eleven para salvar -otra vez- a los suyos.

 

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