¿Y el sindicato? ¿Y el Ministerio?

Taxista con Covid desnudó la precariedad laboral y una situación de extrema miseria

Hay un trabajador reconocido como contagiado y otros seis aislados, a los que la Municipalidad auxilia económicamente, ya que sin poder recorrer las calles, no generan ingresos. Hora que el Sindicato de Peones de Taxis haga pie en la región


El contagio con coronavirus en un taxista de San Lorenzo más el aislamiento preventivo de otros seis, por similares rezones, puso en evidencia, una vez más, la precariedad laboral con la que estos trabajadores deben llevar a diario su tarea.

De acuerdo a lo indicado desde la Asociación de Propietarios y Peones de Taxis de San Lorenzo, enfermo y aislados son ayudados económicamente por la Municipalidad local, a través de un subsidio.

Sin poder manejar, no generan dinero, y sin ello pierden derecho a cobrar un porcentaje de la recaudación, que por lo general es lo convenido con los patrones. O de acreditar un jornal.

La situación habla por sí sola acerca de la falta de regulación en la tarea.

En Rosario, por ejemplo, la actividad está sujeta a un convenio colectivo de trabajo y existe un sindicato que representa a esos empleados.

Lo que sucede en San Lorenzo ocurre en el resto de las localidades del Cordón Industrial.

Desde que este servicio “explotó”, pasaron más de 20 años. Hasta que el Cordón Industrial no experimentó el cierre masivo de fábrica y una abrupta expulsión de obreros del mercado laboral, los taxis eran apenas una decena en San Lorenzo. Y en el resto de las ciudades, no existían.

Nacieron como una alternativa de empleo y a la par de la ausencia de un transporte urbano e interurbano que recorriera trayectos más allá de la ruta 11.

Las ciudades crecían poblacionalmente y se urbanizaban sobre el oeste de sus jurisdicciones. Los nuevos habitantes necesitaban trasladarse hasta el centro o combinar para ascender a un micro, pero no tenían más alternativas más que con un taxi. Además, por ese entonces, poseer una moto no era un hecho tan masivo como ahora; apenas si existía la Zanellita 50 cc, entre los rodados de tal condición.

Lo cierto es que desde entonces a la fecha, jamás los tacheros pudieron organizarse gremialmente. Lo intentaron -y siguen haciéndolo- a través de la Asociación de Propietarios y Peones, pero sus objetivos son ambiguos, pues la mayoría de las veces se peticiona en pos de mantener y/o mejorar el servicio, pero casi nunca se ajusta a un reclamo laboral.

Es un hecho que en San Lorenzo no hay peones de taxi inscriptos como tales. Y por ello no poseen recibos de sueldos, ni cobertura médica por obra social o aportes jubilatorios (salvo que lo hagan como autónomos o monotributistas).

Recientemente, un ex integrante de esa asociación, que supo estar muchos años en ella, reconoció la precariedad laboral de sus compañeros. Y lo hizo público en un reportaje.

San Lorenzo, Puerto San Martín, Fray Luis Beltrán, Capitán Bermúdez y Granadero Baigorria suman alrededor de 400 chapas. O quizás más si se suman los remises, que si bien deberían brindar servicios diferenciados, no siempre sucede así.

Hay muchos que son los propietarios de las chapas y a su vez conducen y prestan servicios. Pero otros directamente contratan a terceros. O aquel que es dueño del auto, cumple un turno y en otro pone a un peón.

Hora que el Sindicato de Peones de Taxis de Rosario, por razones de jurisdicción comience a interesarse por la suerte de esos trabajadores. Y más allá de poder sumarlos como afiliados propios, que lo haga por el mero hecho de velar por el cumplimiento de sus derechos laborales.

Y lo mismo debería correr con el Ministerio de Trabajo de la Provincia, que en San Lorenzo, incluso, dispone de una delegación.

 

 

 

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