Traferri realizó una gran elección en el departamento prescindiendo de conducir al peronismo sanlorencino

Ganó en todas las localidades del departamento San Lorenzo, incluso en su cabecera, donde el Frente Progresista triunfó en el resto de los cargos, y en la que se dio el lujo de desligarse del armado local


Armando Traferri no solo ratificó su cargo en el Senado Provincial, sino también que se erigió como el referente para conducir al justicialismo sanlorencino (salvo que se imponga algún recambio generacional) e intentar sacarlo del ostracismo que padece desde 2007.

Es que a partir de ese momento  y tras perder la senaduría -obtenida cuatro años antes- y la conducción del municipio local, por entonces en manos de su esposa Mónica de la Quinta, Traferri jamás volvió a involucrarse abiertamente con el armado del PJ local.

A saber, en 2009, literalmente se abrió y dejó la conducción partidaria en manos de quienes habían sido, dos años antes, sus detractores, y los resultados de esa contienda legislativas fueron penosos, ya que por primera vez desde la recuperación del democracia en 1983, el justicialismo no logró siquiera una banca en el Concejo Municipal.

Para 2011, Traferri jugó una patriada durísima y alcanzó, con apoyo de Carlos De Grandis, ganarse la naca en la Cámara Alta,  base de militancia y recorrida por cada centímetro del departamento. En 2013, se mostró interesado en la realidad local y se involucró, a medias, con el proceso eleccionario, es decir, no sacó los pies del plato, pero tampoco jugó a fondo. Igual, con eso le sirvió para mejorar la performance y ubicar esas elecciones como las mejores de los últimos años.

¿Y que hizo ahora? Ratificada su alianza con Herme Juárez, otrora su adversario feroz, dejó que sea el dirigente portuario el líder del movimiento en San Lorenzo. El senador siguió ocupándose de recorrer el departamento y ratificar su campaña para revalidad el cargo, a la vez que marcaba sus diferencias con el oficialismo sanlorencino cada vez que tenía oportunidad durante algún reportaje.

Lejos de jugarse a fondo, prefirió mantener un esquema similar al de 2013, donde los candidatos jugaran la interna y debieron luego ratificar un proceso de unidad para las generales. Aunque el resultado no fue bueno, tampoco resultó lapidario, y ello le sirvió para mostrarles los sacrificios a los que debían recurrir si se deseaba recuperar la ciudad; algo así como un padre criando a sus hijos y enseñándoles que hacer y no hacer.

Sin embargo, no pudo (o no quiso) contener las apetencias de Herme Juárez, quien comenzó a pergeñar con un posible triunfo y la recuperación de la intendencia. No bastó mucho para que el dirigente portuario se contagiara de un exitismo que superó la realidad y acabara por proyectarse como el conductor del peronismo sanlorencino e imponiéndose como principal figura convocante en el proceso eleccionario, aunque no fuera candidato a nada. “Préstenme el voto por cuatro años”, solía decir un auto-rodante, con su voz, en las calles de la ciudad.

Con los resultados en la mano, Traferri quedó expuesto del costo de una derrota del justicialismo en San Lorenzo, y la responsabilidad mayúscula es de Herme Juárez, que impuso un cauce erróneo para llevar adelante la destreza lectoral. Seguramente que con Traferri a la cabeza, no se habrían producido tantos “errores” estratégicos.

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