La muerte de un efectivo policial volvió a sacudir a la fuerza de seguridad santafesina y desató una serie de protestas que dejaron al descubierto una tensión que se arrastra desde hace meses. La concentración más numerosa se realizó frente a la Jefatura de Policía de Rosario, donde familiares y colegas reclamaron mejoras salariales y condiciones de trabajo dignas.
En paralelo, grupos de policías uniformados se manifestaron en distintos sectores de la ciudad con móviles oficiales, haciendo oír sirenas como señal de protesta. Las imágenes reflejaron el nivel de malestar interno y la profundidad de un conflicto que ya no se limita a lo económico, sino que atraviesa lo humano y lo institucional.
Según fuentes vinculadas a la fuerza, el número de efectivos que deciden quitarse la vida viene en aumento, en un contexto marcado por jornadas extensas, presión operativa constante y sueldos que no alcanzan a cubrir el costo de vida. El impacto emocional en las familias y en los propios compañeros se traduce en reclamos cada vez más visibles y difíciles de contener.
Anoche se desarrolló una extensa reunión entre representantes policiales y funcionarios del gobierno provincial. Sin embargo, hasta el cierre de esta edición no trascendieron definiciones ni anuncios concretos. Desde la administración de Maximiliano Pullaro se mantiene un fuerte hermetismo sobre los resultados del encuentro.
Mientras tanto, el conflicto sigue abierto. Las protestas marcan un punto de inflexión en la relación entre la fuerza y el Ejecutivo provincial, en un escenario donde el reclamo por salarios, salud mental y condiciones laborales ya no admite dilaciones.
Continúan las tensiones con el gobierno provincial y se mantiene el hermetismo oficial tras una reunión clave con representantes policiales.






