Una red criminal agendada en el teléfono celular del Fantasma Paz

La agenda de ese aparato, dicen allegados a la pesquisa que lleva adelante el juez Juan Carlos Vienna, parece un tratado en ciernes sobre la criminalidad moderna en Rosario.


A veces una pieza de la evidencia recogida en una investigación criminal contiene la contraseña que abre el camino para el esclarecimiento. El teléfono celular de Martín Fantasma Paz, en ese sentido, es una llave maestra que no sólo desentraña la suerte que le tocó. La agenda de ese aparato, dicen allegados a la pesquisa que lleva adelante el juez Juan Carlos Vienna, parece un tratado en ciernes sobre la criminalidad moderna en Rosario. Allí aparecen actores principales y secundarios de acciones que, en los últimos dos años, son materia de alarma pública e inestabilidad política en el sur santafesino.

En la agenda del Fantasma aparece tres veces mencionado por sus números el sargento Juan “Chavo” Maciel, un ex empleado de la Brigada Operativa de la Secretaría de Delitos Complejos del Ministerio de Segurida de la provincia que está preso desde hace dos semanas por entregar información de los investigadores a las redes criminales que investigaban. Los contactos lo aluden como “Chavo/Chavo/ChavoPol”. También está anotado el jefe de Maciel en esa repartición, el comisario inspector Gustavo “Gula Gula” Pereyra, preso bajo la misma imputación, quien aparece como “Pereira” y “Gula”. Todo figura en la página 38 del expediente que sustancia el juez Vienna.

Aparece también el teléfono atribuido a Néstor Juan Fernández, el comisario que trabajó en la ex Drogas Peligrosas y está en lilbertad aunque procesado como partícipe de tráfico de estupefacientes en la causa que mantiene preso al ex jefe de la policía provincial Hugo Tognoli. Está, además, el número particular por el cual se alude al ex jefe de Drogas Peligrosas de Rosario, Oscar Romero. Y números de la Brigada Operativa de Drogas de la provincia tanto en Rosario como en Santa Fe.

En esa agenda constan además teléfonos con prefijos de distintas localidades de Bolivia que se presuponen de comercializadores de droga, entre los que destaca un tal Choco. Y los números de notorios actores de la usual trama de narcocriminalidad que se repiten hace años en expedientes y crónicas policiales. Por ejemplo, el de Ignacio Actis Caporale, alias Nacho u Ojito, quien está prófugo de la Justicia Federal de Rosario desde septiembre pasado, cuando un operativo de la Policía de Seguridad Aeroportuaria detuvo a ocho personas de su red, la mayoría luego procesadas.

La familia. También están los números del núcleo duro de Los Monos: Pájaro, Guille y Monchi Cantero. Y de allegados a la banda de Los Monos como Mariano “Gordo” Salomón y Claudio “Chino” Fleitas, ambos juzgados y absueltos junto al Pájaro en diciembre de 2011 por el atentado a balazos contra un micro de hinchas de Newell’s en el que murió Walter Cáceres. Entonces la pareja de Fleitas, una testigo protegida que incriminó a la banda, declaró que Chino era distribuidor de Cantero y que pagaba a la comisaría 11ª para poder vender en su barrio, lo que en su momento originó el descabezamiento de esa seccional, aunque luego la causa fue al archivo por falta de pruebas.

También aparecen en el celular hallado en la cupé BMW del asesinado Fantasma Paz los teléfonos de Diego Cuello, preso desde el 8 de abril pasado cuando en una chacra de Alvear de su propiedad se encontraron 19 kilos de cocaína en un operativo de aristas sombrías. Luego de ese hecho, un incendio intencional de la alcaidía de Rosario donde estaba alojado Cuello originó tres muertes. Una de las víctimas fue Miguel Angel “Japo” Saboldi, también detenido en aquella chacra.

La agenda incluye a Andrés “Pillín” Bracamonte, líder de la barra brava de Rosario Central. Y a un miembro del área de Drogas Peligrosas de la Policía Federal en Rosario al que apodan He Man.

Proveedor. “Líquidos” es otro contacto de la agenda telefónica de Martín Paz. Se presume que corresponde a un proveedor de precursores químicos, como acetona o éter, utilizados para la fabricación de cocaína. En el tráfico de mensajes interceptados aparecen intercambios desde el teléfono de Paz, donde le pide a su contacto si tiene novedades con el “e”. Al respecto, los pesquisas presumen que se refiere al éter.

El valioso aporte de esa agenda fue que, a partir de ella, se iniciaron escuchas bajo orden judicial a muchos de esos contactos. Y estos abrieron en abanico líneas que refuerzan la evidencia de una asociación ilícita, según fuentes de la causa, que permitieron la detención de unas veinte personas conectadas a la red de Los Monos. Lo significativo es que durante siete meses los investigadores de la Unidad Regional II de policía no cruzaron ni siguieron los contactos del Fantasma Paz. Toda esa crucial información estuvo enfundada en una bolsa plástica que resguarda evidencia, la que contenía olvidado en un cajón el celular de un hombre ejecutado con frialdad una tarde soleada de septiembre en el macrocentro de Rosario.

Fuente: La Capital

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