El comercio internacional atraviesa una mutación estructural que redefine las rutas logísticas del planeta y abre una ventana histórica para los países sudamericanos. En el marco del episodio 101 del programa Up River, conducido por Nicolás Carugatti con la participación en estudio de Claudio Polón y el aporte habitual de Jorge Metz, el especialista Mariano Parlato brindó una cátedra sobre las nuevas reglas del intercambio global. Radicado desde hace un cuarto de siglo en Puerto Rico, consultor de empresas y miembro asesor del Consejo de Exportación de los Estados Unidos designado bajo la órbita del Departamento de Comercio federal, Parlato explicó cómo la mayor economía del mundo decidió intencionadamente hacer girar noventa grados el flujo del comercio para transformarlo de un eje Este-Oeste a un corredor Norte-Sur.
Durante las últimas dos décadas y media, a partir del ingreso de Beijing a la Organización Mundial del Comercio, el planeta operó bajo la premisa de que China era la fábrica del mundo y el hemisferio occidental consumía sus manufacturas. Sin embargo, ese andamiaje comenzó a resquebrajarse en 2018 durante la primera gestión de Donald Trump, continuó invariable bajo la administración demócrata de Joe Biden mediante barreras no tarifarias y terminó de consolidarse con el retorno del mandatario republicano a la presidencia en 2025 a través de una agresiva estructura arancelaria. La disrupción provocada por la pandemia de coronavirus aceleró el viraje al exponer la extrema fragilidad de las cadenas de suministro dependientes de Asia, elevando la logística de abastecimiento a la categoría de cuestión de seguridad nacional para Washington.
El salto de México y el nacimiento del friendshoring
Las estadísticas exhibidas por el especialista reflejan un cambio de era contundente. En el transcurso de 2025, México superó a China y se coronó formalmente como el principal socio comercial de los Estados Unidos, registrando exportaciones hacia el mercado norteamericano por 534.300 millones de dólares, mientras que las ventas chinas cayeron por debajo de los 310.000 millones.
Este nuevo paradigma se define bajo el concepto de friendshoring, la relocalización de inversiones y compras estratégicas en países afines o aliados geopolíticos. La lógica de priorizar únicamente el costo más bajo de mano de obra y la escala masiva quedó sepultada frente a la necesidad de previsibilidad y proximidad geográfica. En ese tablero, Estados Unidos visualiza a naciones de la región como Argentina, Brasil, Chile, Perú y Colombia como proveedores confiables dotados de materias primas de calidad, con la intención manifiesta de impulsar la profesionalización y tecnificación de sus ecosistemas productivos para acoplarlos a sus estándares industriales.
El país a dos velocidades y el potencial de las tierras raras
Al evaluar la coyuntura doméstica tras una reciente estadía de tres semanas en el país, Parlato describió una Argentina que corre a dos velocidades marcadamente dispares. Por un lado se encuentra la matriz industrial tradicional de manufacturas de origen industrial, condicionada por la pérdida de competitividad y los debates cambiarios; por el otro se expande un vigoroso polo primario y extractivo integrado por la agricultura, la ganadería, las manufacturas de origen agropecuario, los combustibles y la minería, rubros que sostienen horizontes de crecimiento exponencial.
En el plano minero, el consultor propuso ensanchar la mirada más allá del litio en el norte argentino y enfocarse en la minería no metalífera, puntualmente en los minerales de tierras raras. Estos elementos son el insumo insustituible para el desarrollo de la inteligencia artificial, la fabricación de chips de alta tecnología y la industria de defensa. Dado que China bloqueó la exportación de estos minerales hacia Estados Unidos, se generó un vacío de abastecimiento que provincias como San Luis, La Rioja o Córdoba podrían cubrir con éxito.
La salida de estas producciones requerirá un análisis logístico fino en función del baricentro de demanda. Si las cargas abastecen centros de microelectrónica o inteligencia artificial radicados en la costa oeste norteamericana, la salida natural será a través de los puertos del océano Pacífico. En cambio, si la producción se vincula con la industria farmacéutica y las ciencias de la vida, concentradas en el imponente clúster de Carolina del Norte que acumula tres billones de dólares en proyectos de inversión, el canal de despacho marítimo deberá trazarse por el Atlántico.
Financiamiento, ciencia y la necesidad de un proyecto de Estado
Uno de los anuncios más relevantes compartidos durante la transmisión apuntó a las herramientas concretas de financiamiento internacional. El Exim Bank de los Estados Unidos puso a disposición una línea crediticia de 7.000 millones de dólares orientada al fomento de proyectos mineros en la República Argentina. La mecánica de este instrumento no contempla desembolsos concentrados en un único operador, sino la atomización a través de aportes no reembolsables de aproximadamente 350.000 dólares destinados a universidades nacionales, centros de investigación y laboratorios geológicos para equipamiento, estudios de campo y formación de recursos humanos.
Al igual que ocurrió con el yacimiento no convencional de Vaca Muerta, donde la inversión privada de riesgo fluyó masivamente en cuanto las proyecciones científicas garantizaron la rentabilidad a cincuenta años, el financiamiento a la investigación técnica resulta el paso indispensable para que las provincias concesionen sus áreas mineras sobre bases sólidas. En idéntica sintonía, Parlato remarcó el resurgimiento de la energía nuclear a nivel global mediante reactores modulares de menor escala, impulsada por la voraz demanda energética de los centros de procesamiento de datos de inteligencia artificial, lo que devuelve al uranio argentino un rol protagónico.
En el tramo final del diálogo con Carugatti, Polón y Metz, el especialista instó a la dirigencia nacional a desterrar el dogma ideológico del diseño económico. Siguiendo los ejemplos de estabilidad de Brasil o Chile, donde la alternancia partidaria no altera la defensa de sectores estratégicos como el caucho, la siderurgia o la minería, Argentina debe asumir sin complejos su condición de potencia proveedora de recursos naturales. Para las pequeñas y medianas empresas con vocación exportadora, el camino no exige inversiones astronómicas iniciales sino la incorporación progresiva de tecnología y maquinaria que multiplique la productividad, integrándose a cadenas globales que demandan alimentos, minerales y energía con estándares internacionales de calidad.






