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Francisco Gliemmo: “Sin una reforma tributaria y un modelo de desarrollo, el país no tiene destino”

Francisco Gliemmo: “Sin una reforma tributaria y un modelo de desarrollo, el país no tiene destino”

Francisco Gliemmo junto a Nicolás Carugatti y Jorge Metz
En el episodio 76 del ciclo conducido por Nicolás Carugatti y Jorge Metz, el referente industrial y ciudadano ilustre de La Plata analizó la urgencia de un plan productivo a largo plazo. Advirtió sobre el impacto de la carga impositiva en la generación de empleo y reclamó transformar los recursos naturales en valor agregado para salir del estancamiento.

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En el episodio 76 del ciclo conducido por Nicolás Carugatti y Jorge Metz, el referente industrial y ciudadano ilustre de La Plata analizó la urgencia de un plan productivo a largo plazo. Advirtió sobre el impacto de la carga impositiva en la generación de empleo y reclamó transformar los recursos naturales en valor agregado para salir del estancamiento.

El escenario productivo y social de la Argentina fue el eje central de una nueva entrega de Up River, que contó con la presencia de Francisco Gliemmo, una de las voces más autorizadas del sector empresarial y académico del Gran La Plata. Con una trayectoria que abarca la presidencia de Gimnasia y Esgrima La Plata, la dirección de su puerto y el liderazgo en la Unión Industrial regional, Gliemmo aportó una mirada profunda sobre el “punto de inflexión” que atraviesa el país, subrayando que el equilibrio fiscal, aunque necesario, es apenas una pieza de un rompecabezas mucho más complejo que requiere, ante todo, la generación de trabajo genuino.

Durante la entrevista, Gliemmo fue tajante al señalar la ausencia de un modelo de desarrollo que priorice el valor agregado. Si bien reconoció los esfuerzos del actual Gobierno nacional por ordenar las cuentas públicas, advirtió que dejar librado todo al mercado sin una planificación estratégica es un error de diagnóstico. Para el empresario, la verdadera urgencia nacional no radica exclusivamente en una reforma laboral, sino en una reforma tributaria profunda. Explicó que la industria se financia hoy con impuestos distorsivos como Ingresos Brutos, al que calificó como el peor de los tributos por su efecto en cascada, llegando a representar hasta cuatro o cinco veces el valor de un producto en su cadena de producción.

Uno de los puntos más destacados de la charla fue la necesidad de transformar las ventajas comparativas de Argentina en ventajas competitivas mediante el conocimiento y la inversión. Gliemmo citó el ejemplo de Vaca Muerta y la producción de gas; cuestionó la visión de exportar simplemente gas licuado cuando el país importa el 60% de la urea necesaria para el agro. El dirigente propuso potenciar la petroquímica nacional para fabricar fertilizantes, alcoholes y poliuretanos localmente, generando así una cadena de valor que incluya mano de obra calificada y bien remunerada, en lugar de vender materia prima barata para luego importar productos finales costosos.

La logística y la infraestructura también ocuparon un lugar central en el análisis. Gliemmo, quien compartió décadas de gestión con Jorge Metz en el ámbito portuario, recordó los hitos logrados en el Puerto La Plata y lamentó que, tras 30 años, la provincia de Buenos Aires aún no cuente con una Ley de Puertos que brinde reglas de juego claras. Criticó la falta de planificación que hace que los costos logísticos argentinos sean de los más altos del mundo, restando competitividad a cualquier intento de expansión industrial. Según su visión, el desarrollo es equivalente a la infraestructura, y sin esta última, cualquier ventaja natural se diluye en ineficiencias.

Finalmente, el referente platense hizo un llamado a la dirigencia política y empresarial para recuperar la “cultura del esfuerzo” y los valores que cimentaron la Argentina de mediados del siglo XX. Con preocupación, señaló que un país con un 50% de informalidad en su economía y trabajadores que no alcanzan un nivel digno de subsistencia se encuentra en una situación límite. Apeló a la necesidad de mirar modelos como el de China o Japón, que planifican a 50 años, y exhortó a crear una mesa de diálogo permanente entre el Estado, el sector laboral y el empresarial para fijar políticas de estado que trasciendan los mandatos partidarios.