El complejo portuario del Up River, que se extiende desde Ramallo hasta Timbúes, enfrenta una crisis de legalidad que pone en jaque la reputación internacional de las terminales argentinas. Según denuncias de operadores del sector a las que tuvo acceso SL24, el mercado de servicios de lanchas y amarre está saturado por la informalidad: de las 33 empresas que ofrecen servicios hoy en la región, apenas 6 o 7 cumplen con la totalidad de los requisitos operativos y legales.
El negocio de los “Brokers” de pasillo
La proliferación de estas empresas responde a una maniobra logística que busca maximizar ganancias a costa de la seguridad. Se trata de “brokers” sin activos: agencias o intermediarios que no poseen lanchas propias, pero subcontratan empresas precarias que operan con una sola embarcación y tripulaciones de tres personas totalmente informales.
Este esquema permite a ciertas agencias marítimas contratar servicios “low cost” para luego trasladar costos de empresas formales a los armadores extranjeros, quedándose con una renta extraordinaria basada en la precariedad.
Seguridad y Narcotráfico: La lección de Vicentin
La informalidad no es solo un problema de papeles; es una cuestión de seguridad nacional. El sector recuerda con precisión el caso de los 500 kilos de cocaína detectados en la terminal de Vicentin. En aquel momento, la Justicia Federal y el Ministerio de Seguridad pudieron desestimar la complicidad de las “patas locales” gracias a un factor determinante: la trazabilidad.
“Las empresas que habían dado servicio al buque eran de primera línea y tenían certificada cada operación. Eso salvó a los operadores locales. En un puerto sucio y marginal, sin registros, esa droga podría haber sido cargada por cualquiera”, aseguran referentes del sector.
La trazabilidad de las empresas de amarre es la única barrera real contra la contaminación de buques. Un servicio prestado por una lancha sin registro es un “punto ciego” para la inteligencia criminal y un riesgo inasumible para el comercio exterior.
Hacia el “Puerto de Excelencia”
La posibilidad de que las terminales portuarias asuman la responsabilidad solidaria es vista por los operadores genuinos como el único camino para aportar seriedad. Si la terminal es responsable por quién amarra en su muelle, el filtro será automático.
Un puerto de excelencia se construye con empresas de excelencia. Permitir que el 80% de los prestadores de servicios operen en la marginalidad es condenar al Gran Rosario a la categoría de “puerto sucio”, donde la rentabilidad de unos pocos brokers pone en riesgo la seguridad de todos.







