En el marco del reciente congreso de AcSoja, los máximos referentes de las principales empresas agroexportadoras que operan en el cordón industrial del Gran Rosario —Alfonso Romero (COFCO), Fernando Correa Urquiza (LDC) y Luis Fontan (AGD)— analizaron la hoja de ruta que el sector necesita para consolidar su competitividad global. Con un tono marcadamente optimista, los ejecutivos coincidieron en que Argentina atraviesa un punto de inflexión donde la desregulación, la estabilidad normativa y el desarrollo de biocombustibles son las llaves para destrabar un potencial productivo histórico.
El cambio de paradigma: de la resiliencia a la competitividad
El análisis comenzó con una comparativa respecto al año anterior. Si en ediciones previas del congreso el sector expresaba cautela ante un escenario incierto, hoy el discurso ha virado hacia la consolidación. “Cuando se alinean los intereses de la nación, la provincia y el sector privado, se empieza a buscar la competitividad”, señaló Alfonso Romero de COFCO.
Para los panelistas, la baja de derechos de exportación anunciada por el gobierno nacional ha funcionado como un horizonte previsible necesario. “Necesitamos que el primer eslabón de la cadena —el productor— sea competitivo, rentable y productivo. Si el productor tiene rentabilidad, la tecnología, la creatividad y el agregado de valor llegan por añadidura”, subrayó Romero.
El desafío de la infraestructura y el fantasma de la comparación regional
Uno de los puntos críticos abordados fue la logística. Pese a que el complejo oleaginoso de Rosario sigue siendo una maravilla de eficiencia a nivel mundial, con una capacidad industrial de entre 45 y 50 millones de toneladas concentradas en apenas 250 kilómetros, la infraestructura terrestre y ferroviaria sigue siendo un “cuello de botella”.
Fernando Correa Urquiza (LDC) puso el foco en la comparación con Brasil y Estados Unidos: “Brasil invirtió, cambió normativas y hoy tiene puertos que permiten exportar volúmenes increíbles. Nosotros necesitamos profundizar la mejora en rutas y la privatización del ferrocarril para acercar los campos a los puertos”. El calado de la hidrovía sigue siendo, para los referentes, el motor central de esta eficiencia logística.
Biocombustibles: el “turbo” necesario para la industria
El punto central del debate fue la necesidad de destrabar los marcos normativos de los biocombustibles. Actualmente, la capacidad instalada de las plantas procesadoras en el cordón industrial de San Lorenzo y Rosario opera por debajo de su capacidad nominal, en gran medida debido a normativas restrictivas y cuotas.
Luis Fontan (AGD) fue enfático al respecto: “Tenemos plantas con un nivel tecnológico y de escala fantástico que están parcialmente paradas por políticas equivocadas”. El sector aboga por un modelo similar al de Brasil o Paraguay, donde los mandatos de corte para biodiésel son significativamente más altos que en Argentina (que actualmente se encuentra en el 7,5%). “Necesitamos proyectos que fomenten la competencia y la eficiencia”, coincidió el panel.
Escenario global: ¿Hacia dónde va el valor agregado?
La industria enfrenta un desafío global: Estados Unidos, Brasil e Indonesia están expandiendo sus capacidades de molienda movilizados por el consumo de aceites para energía, más que para alimentos. Esto ha generado un desbalance donde la harina de soja ha perdido precio relativo, mientras que el aceite se ha convertido en el principal driver de valor.
Ante este escenario, la industria argentina propone una estrategia de diferenciación:
- Diversificación de cultivos: Apostar por girasol, colza y nuevos cultivos sustentables como la camelina y carinata, que tienen ciclos cortos y no compiten con la producción de alimentos.
- Certificaciones de sustentabilidad: Aprovechar la capacidad de segregación logística argentina para acceder a mercados exigentes como la Unión Europea, especialmente ante las normativas iLUC (cambio indirecto en el uso de la tierra).
- Valor agregado real: Transformar la matriz de exportación hacia productos de alta calidad, como la glicerina farmacéutica.
Inversiones y confianza: el ciclo virtuoso
A pesar de la volatilidad histórica, las empresas han comenzado a realizar inversiones silenciosas pero significativas. La reciente inversión de Dreyfus en Bahía Blanca para una planta orientada al girasol y los anuncios de Molinos en la provincia de Santa Fe son señales claras de un nuevo clima de negocios.
“Estamos entrando en un ciclo muy positivo, similar al de 2004-2006”, destacó Fontan. Los ejecutivos ven con esperanza que la diversificación de la matriz exportadora argentina —con el auge de Vaca Muerta y la minería— alivie la presión impositiva sobre el campo, permitiendo que el agro finalmente despliegue su potencial de 200 millones de toneladas.
Conclusión: mirar la cadena como un todo
El mensaje final del panel fue unánime: Argentina tiene una ventaja competitiva geográfica y una capacidad instalada que no existen en otra parte del mundo. Sin embargo, para no perder el tren frente a la agresiva expansión de Estados Unidos y Brasil, es imperativo dejar de mirar los eslabones de manera aislada y gestionar el sector agroexportador como una cadena de valor integrada.
“Si logramos nivelar la cancha, eliminar las anclas autogeneradas y enfocarnos en la sustentabilidad, el potencial de la Argentina está a la vuelta de la esquina”, concluyeron los líderes de COFCO, LDC y AGD, reafirmando su compromiso de seguir apostando por el cordón industrial de la región.






