La paz social alcanzada esta semana en el complejo agroindustrial tras el cierre de las paritarias aceiteras —que fijaron un básico de más de 2,7 millones de pesos para el último trimestre del año— parece ser solo una calma temporal. Según reportó el medio Punto Biz, el éxito de esta negociación ha funcionado como un catalizador para la presión gremial por parte del Sindicato Unidos Portuarios Argentinos (SUPA) en el Puerto de Rosario.
El acuerdo aceitero, que contempla un ajuste acumulado del 29,5% para 2026, fue celebrado por las empresas exportadoras como una garantía de estabilidad necesaria para el flujo de divisas. Sin embargo, la realidad de los estibadores y trabajadores portuarios del SUPA, que reclaman una recomposición acorde a sus propias necesidades y al contexto inflacionario, ha quedado ahora en el centro de la escena.
Fuentes del sector señalaron que la disparidad de condiciones y el impacto de los nuevos pisos salariales logrados por los trabajadores de plantas han dejado al descubierto las tensiones latentes en la logística portuaria. Con el antecedente cercano de semanas de alta confrontación salarial en la región, el Puerto de Rosario vuelve a quedar bajo la lupa, ante la posibilidad de que el reclamo del SUPA escale en los próximos días, complicando la logística de carga y descarga en plena temporada de exportación de granos.
Por el momento, no se han formalizado medidas de fuerza, pero el estado de alerta en el SUPA es evidente. Mientras la industria busca mantener el ritmo exportador, la presión de los gremios portuarios plantea un nuevo desafío para las empresas que deberán ahora abordar la recomposición de sus trabajadores en el puerto, bajo la atenta mirada de un sector que intenta consolidar un “ciclo virtuoso” en la actividad exportadora.






