En el marco del 34° Congreso de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (AAPRESID), desarrollado en la ciudad de Rosario, la firma Bunge Argentina llevó a cabo la charla técnica “Intensificando la rotación con colza, cártamo y camelina”. El espacio reunió a productores, asesores y especialistas para analizar los avances de la incorporación de oleaginosas de invierno como herramienta para mejorar la salud del suelo, diversificar esquemas agrícolas y captar nuevas oportunidades comerciales en el mercado global.
La apertura de la jornada estuvo a cargo de Jorge Bassi, Director de Marketing y Nuevos Negocios de Bunge Argentina, quien remarcó que cualquier transformación en el modelo productivo requiere un trabajo codo a codo con quien asume el riesgo en el territorio:
«Lanzamos planes y programas, pero quien está en el campo y arriesga el capital es el productor. Por eso, todo lo que hacemos parte de trabajar junto a ellos y generar herramientas que permitan producir más y, al mismo tiempo, hacerlo de una manera cada vez más sustentable», destacó Bassi.
Reemplazar el barbecho por un cultivo rentable y con carbono en el suelo
Bassi explicó que Bunge inició hace cuatro años el desarrollo de una propuesta de intensificación basada en cultivos oleaginosos de invierno. La premisa central consiste en transformar los períodos de suelo desnudo o barbecho en una etapa productiva activa.
- «Intensificar la agricultura nos permite generar un doble impacto: reemplazar un período de barbecho por un cultivo que genera renta y al mismo tiempo dejar más carbono en el suelo, cuidando su estructura», afirmó.
Esta visión se encuadra en la agenda global de descarbonización y transición energética. La Argentina cuenta con la ventaja competitiva de tener inviernos templados que permiten producir oleaginosas adaptadas, posicionando al sector agropecuario como un proveedor clave de materias primas para la reducción de emisiones en el transporte.
La oportunidad del combustible sostenible de aviación (SAF)
Uno de los motores de esta demanda es el crecimiento del Sustainable Aviation Fuel (SAF), el combustible sustentable para la aviación que exige aceites de baja huella de carbono con trazabilidad y certificación desde el origen.
En ese sentido, Bassi subrayó que para abastecer estos mercados exigentes la producción debe desarrollarse bajo esquemas de rotación certificada. En 2026, el programa de Bunge alcanzó las 160.000 hectáreas certificadas entre colza, cártamo y camelina en la Argentina, consolidando una vía concreta de agregado de valor.
Experiencias a campo: el testimonio de los asesores técnicos
Durante el panel de especialistas, diversos asesores compartieron casos de éxito según las particularidades agroecológicas de cada región:
Cártamo: resiliencia frente a la sequía en el norte
El Ing. Agr. Miguel Kolar, de AGRO Cotton Grupo Linke, relató la experiencia iniciada en 2024 para afrontar campañas climáticas complejas. Explicó que el cártamo permitió sostener al maíz dentro de la rotación y lograr un uso eficiente del agua. Actualmente, el grupo siembra unas 15.000 hectáreas de cártamo sobre un total de 20.000 hectáreas productivas, convirtiéndolo en un pilar de su modelo agrícola.
Colza en la zona centro: suelo mullido y hasta 30 quintales
El Ing. Agr. Matías Taravella, asesor de Jakas Kokic Ivancich SA, compartió los resultados de tres campañas consecutivas con colza. Detalló que alcanzaron rendimientos de hasta 30 quintales por hectárea con cosecha directa en zonas habituadas a largos barbechos. Además del aporte económico, destacó que la colza deja el suelo en condiciones óptimas de infiltración para los cultivos posteriores.
Camelina en el sudeste bonaerense: soja de segunda con rendimiento de primera
El Ing. Agr. Pablo Calviño explicó que la camelina ocupa un espacio temporal que antes quedaba desaprovechado. Su incorporación permite implantar una soja de segunda alcanzando rindes muy similares a una de primera, con un costo de implantación equivalente al mantenimiento de un barbecho, pero generando ingresos y anticipando la fecha de siembra de la soja hacia fines de noviembre.
Con el respaldo de estas experiencias concretas, Bunge ratificó en AAPRESID su compromiso con la evolución hacia sistemas agrícolas más intensivos, eficientes y sustentables, capaces de responder a la demanda de mercados internacionales que exigen alimentos y energía con menor huella ambiental.







