CRISIS DE AUTORIDAD Y DESIDIA INSTITUCIONAL

Para no ser “botón”: el policía agredido en la Liga Sanlorencina no denunció al jugador y desató la furia en la Unidad Regional XVII

Para no ser “botón”: el policía agredido en la Liga Sanlorencina no denunció al jugador y desató la furia en la Unidad Regional XVII

En pleno partido entre Colón y Villa Felisa, un futbolista golpeó a un uniformado en el campo de juego. El efectivo no lo detuvo en flagrancia ni radicó la denuncia, lo que impide que la Fiscalía pueda actuar de oficio al tratarse de lesiones leves. El episodio generó un profundo malestar dentro de la fuerza: el agente pertenece a la misma departamental que el policía de Roldán asesinado a golpes en una cancha hace pocas semanas.
18-08-2026 06:04 PM
En pleno partido entre Colón y Villa Felisa, un futbolista golpeó a un uniformado en el campo de juego. El efectivo no lo detuvo en flagrancia ni radicó la denuncia, lo que impide que la Fiscalía pueda actuar de oficio al tratarse de lesiones leves. El episodio generó un profundo malestar dentro de la fuerza: el agente pertenece a la misma departamental que el policía de Roldán asesinado a golpes en una cancha hace pocas semanas.

El grave incidente ocurrido este fin de semana en el cierre de la fase regular de la Liga Regional Sanlorencina de Fútbol desnudó una problemática mucho más profunda y alarmante que la violencia deportiva habitual: la renuncia deliberada al ejercicio de la autoridad por parte de quienes deben velar por el orden público.

Durante el encuentro disputado entre Colón y Villa Felisa, un jugador federado del conjunto visitante agredió físicamente a un oficial de policía que cumplía servicio de seguridad en el estadio. Frente a cientos de testigos y con celulares que grabaron la secuencia desde las tribunas, ocurrió lo insólito: el efectivo no procedió a la detención del agresor en flagrancia y, posteriormente, se negó a radicar la denuncia penal.

La traba jurídica: el límite de la acción fiscal

La decisión del oficial de no instar la acción penal dejó a la Justicia con las manos atadas. En el marco del Código Penal argentino, el delito de lesiones leves es de instancia privada; esto significa que el Ministerio Público de la Acusación (MPA) no tiene facultades legales para actuar de oficio si la propia víctima no formaliza la acusación y solicita la intervención penal.

Al no haber aprehensión inmediata ni denuncia firmada, el futbolista violento se retiró del predio deportivo caminando y regresó a su casa en absoluta impunidad. Una muestra de desidia administrativa y operativa que expone a la sociedad a la ley del más fuerte.

Furia y malestar en los pasillos de la Unidad Regional XVII

La actitud del uniformado provocó una ola de profunda indignación y rechazo entre sus propios compañeros y la cúpula de la Unidad Regional XVII.

La herida dentro de la fuerza policial departamental está abierta y sangra: hace apenas unas semanas, un oficial perteneciente a la Comisaría de Roldán (integrante de la misma UR XVII) fue brutalmente asesinado a golpes durante un torneo de fútbol regional en la jurisdicción Cañadense.

En los pasillos de la Jefatura el reclamo es unánime: mientras la familia policial todavía llora a un camarada linchado en una cancha, resulta inadmisible que un efectivo en funciones tolere ser golpeado en un estadio y decida callar, tirando por la borda el respeto por el uniforme, la memoria de su compañero y la investidura policial.

La cultura del “no ser botón” pudre el sistema

¿Qué lleva a un funcionario público armado y capacitado por el Estado a no denunciar a su propio agresor? La respuesta reside en una distorsión cultural perversa que penetró en ciertos estamentos policiales: el miedo a ser catalogado como “débil” o el absurdo código de barrio de “no ser botón”.

En sectores de la fuerza se ha instalado la falsa premisa de que recurrir a la ley ante una agresión física en una cancha es una muestra de cobardía o una actitud que debe resolverse “entre hombres y sin papeles”. Esta lógica tumbera y marginal contradice la esencia misma de una fuerza de seguridad republicana. El policía no es un hincha ni un peleador callejero; es el brazo ejecutor de la ley y el garante del orden social.

Cuando la persona encargada de reprimir el delito adopta los códigos del delincuente y prefiere el silencio antes que la denuncia, el desorden se transforma en sistema. Una verdadera vergüenza institucional que no solo desprotege a la comunidad, sino que insulta la memoria de los policías caídos en cumplimiento del deber.

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