Una jornada de extrema fricción social y caos de tránsito se vivió este lunes al mediodía sobre la Ruta Provincial 91, en jurisdicción de Villa La Ribera. Comerciantes de la zona montaron un piquete con quema de cubiertas y corte total de calzada en reclamo por la restitución de la parada de camiones, luego de que el último viernes entrara en vigencia una resolución que prohibió de forma terminante que los transportistas estacionen sobre las banquinas y colectoras para realizar compras.
La medida de fuerza paralizó durante más de media hora el flujo hacia las terminales agroexportadoras y el acceso directo a la Autopista Rosario-Santa Fe, generando extensas filas de rodados de gran porte y momentos de fuerte discusión. Del otro lado del conflicto, vecinos del paraje respaldaron la restricción oficial argumentando que el agolpamiento incesante de unidades bloqueaba de manera cotidiana las entradas y salidas de sus propias viviendas, dejándolos atrapados en sus domicilios.
Tregua precaria y presencia policial
Con la llegada de efectivos policiales para mediar en el conflicto y evitar disturbios mayores, las partes arribaron a un acuerdo provisorio de coexistencia. El entendimiento sellado en plena ruta determinó que los choferes tendrán una tolerancia de entre 10 y 15 minutos para detenerse, abastecerse en los locales de comida y almacenes de la zona, y retomar de inmediato la marcha hacia los puertos de Timbúes.
Tras el acuerdo, los manifestantes retiraron los restos humeantes de neumáticos y la arteria recuperó la transitabilidad, aunque la circulación continuó sumamente lenta debido al impresionante embotellamiento acumulado en ambos sentidos de la Ruta 91.
De villa turística a parador: el dilema de fondo
La disputa expuso una transformación urbana traumática que lleva más de dos décadas. Villa La Ribera nació y creció como un remanso residencial y de fin de semana a orillas del río Carcarañá, pero el desembarco de los gigantes agroexportadores en Timbúes convirtió a la localidad en un embudo obligado por donde circulan a diario miles de camiones cargados de granos.
Al calor de ese flujo ininterrumpido de choferes proliferaron decenas de paradores, quioscos, gomerías y rotiserías que encontraron en el transporte pesado su única fuente de ingresos. Sin embargo, la convivencia entre la vida comunitaria de los vecinos y el negocio a la vera de la calzada llegó a un punto límite de saturación e inviabilidad operativa.
El puente Giardino y la cuenta regresiva comercial
La protesta de este mediodía no sólo dejó al descubierto la precariedad de la actividad mercantil sobre la traza, sino que para muchos representa el principio del fin. Con el avance sostenido de las obras que ejecuta el gobierno de la provincia de Santa Fe en el nuevo acceso vial y el puente sobre el río Carcarañá a la altura de Giardino, la circulación pesada abandonará para siempre el casco urbano de La Ribera.
Cuando ese desvío estratégico quede formalmente habilitado, el aluvión de camiones dejará de pasar por la puerta de estos locales. La restricción de estacionamiento aplicada este fin de semana anticipó ese escenario de aislamiento comercial, obligando a los comerciantes a defender minuto a minuto un modelo de subsistencia que tiene los días contados.







