El Cordón Industrial de San Lorenzo no es solo el puerto agroexportador más importante del mundo; es también el corazón de la fabricación de biocombustibles en Sudamérica. Con una de las capacidades instaladas más robustas del continente, la región se encuentra ante una oportunidad histórica que parece ser invisible para las cúpulas sindicales, especialmente para el Sindicato de Aceiteros, que suele ser protagonista por sus reclamos salariales pero hoy se muestra llamativamente silencioso ante una discusión estratégica que podría cambiar la matriz productiva del país.
El escenario global es el “momento perfecto”. El conflicto bélico en Medio Oriente ha disparado los precios de los combustibles fósiles, encareciendo la logística y la vida cotidiana de los argentinos. En este contexto, los gobiernos de Santa Fe y Córdoba han tomado la bandera de la “Vaca Viva”, exigiendo a la administración nacional una nueva ley que eleve el corte de biocombustibles al 30%. La ecuación es simple y contundente: llevar la mezcla a ese nivel inyectaría cientos de millones de dólares a la economía regional y crearía más de 1.000 puestos de trabajo, entre directos e indirectos.
Capacidad ociosa y oportunidad perdida
Resulta paradójico que, ante semejante potencial de creación de empleo y estabilidad laboral, los sindicatos no formen un frente común de presión junto a los gobernadores. Para discutir posicionamientos políticos ideológicos o participar de internas partidarias, los bombos y los gritos están a la orden del día. Sin embargo, para exigir condiciones de inversión que aseguren el futuro de las plantas y de los trabajadores del Cordón Industrial, solo se percibe un susurro, o directamente, el silencio.
La región ya tiene las plantas, tiene la tecnología y tiene la materia prima a metros de los tanques. Elevar el corte al 30% no es un capricho técnico; es una medida de soberanía energética y de protección del empleo santafesino frente a la volatilidad del petróleo. Si se lograra este marco legal, el impacto en localidades como San Lorenzo, Puerto San Martín y Timbúes sería inmediato, consolidando a la zona no solo como exportadora de commodities, sino como proveedora de energía limpia para toda la Argentina.
Una agenda desfasada
¿Qué explica la pasividad gremial? Mientras el sector privado y los estados provinciales intentan instalar el debate sobre la bioeconomía como motor de salida de la crisis, los gremios parecen seguir anclados en una agenda de confrontación que ignora la importancia de atraer inversiones. La creación de 1.000 puestos de trabajo nuevos debería ser la prioridad absoluta de cualquier organización que diga representar los intereses de los trabajadores.
Hoy, el reclamo por una nueva Ley de Biocombustibles es el campo de batalla donde se define el futuro del Cordón Industrial. Para que la oportunidad no pase de largo —una vez más—, hace falta que todos los actores tiren para el mismo lado. Si para la política están a los gritos, es hora de que empiecen a alzar la voz por las condiciones que garanticen el trabajo y el progreso de la región más dinámica del país.






