El mercado de granos argentino atraviesa un escenario de dos velocidades, con consecuencias directas en la economía del Cordón Industrial. Según el último relevamiento de la firma Zeni, a cargo de Eugenio Irazuegui, el sector agropecuario muestra una marcada preferencia por comercializar maíz, relegando la venta de soja, una situación que complica la operatividad futura de las plantas de crushing en la región Up River.
El boom del maíz
Las cifras son contundentes: a nivel país, las ventas de maíz alcanzan las 28,59 millones de toneladas, lo que representa un crecimiento interanual del 46,8%. De este volumen total, ya se han fijado precio en 21,87 millones de toneladas. Este dinamismo en el cereal demuestra que el productor está dispuesto a deshacerse de sus existencias de maíz, pero la historia es muy diferente cuando se trata de la oleaginosa.
La soja, el nudo de la discordia
Por el lado de la soja, la comercialización total se ubica en 18,67 millones de toneladas, un volumen que queda 12,6% por debajo de lo registrado en la misma fecha durante la campaña anterior.
Esta retención de soja por parte de los productores tiene un impacto directo y negativo en la industria aceitera (crushing) de nuestra zona. Al no recibir la materia prima necesaria, las plantas industriales están operando con una capacidad ociosa que supera el 50%. En otras palabras, la mitad de la capacidad instalada para procesar soja en el principal nodo exportador del mundo está frenada, afectando no solo la rentabilidad del sector, sino la logística y el movimiento portuario regional.


El contexto del trigo
En cuanto al trigo, el informe de Zeni detalla que se han registrado 1,87 millones de toneladas en operaciones forward de trigo nuevo, con un claro predominio de negocios realizados a precio, reflejando una intención de los productores de asegurar ventas tempranas para la próxima campaña.
El impacto en el Cordón Industrial
Para San Lorenzo y la región, el dato de la ociosidad superior al 50% en las plantas de crushing es una luz de alerta. La industria aceitera es el corazón productivo del Gran Rosario, y su nivel de actividad dicta el pulso del empleo, los servicios logísticos y el movimiento de camiones en las rutas y accesos portuarios. La retención de la soja no es solo una estrategia financiera del productor; es un freno de mano que la industria, atrapada en una puja por el tipo de cambio y las expectativas económicas, sufre en carne propia.







