El acto convocado por Carlos De Grandis en Puerto General San Martín dejó mucha tela para cortar, especialmente en las gradas donde la incomodidad se podía cortar con un cuchillo. En un rincón, lejos del centro de la escena, se ubicaron dirigentes como Daniel Succi (Aceiteros), cuya presencia desnudó una contradicción que hoy recorre todo el Cordón Industrial: el apoyo financiero a quienes terminaron votando la Reforma Laboral.
Millones para el bando contrario
La memoria política no es tan corta en el Cordón Industrial. El año pasado, Succi fue el arquitecto de una alianza que volcó toneladas de dinero y logística gremial – según denunció públicamente Carlos De Grandis – para impulsar la carrera de Mandón hacia la intendencia, bajo el paraguas de Unidos y el actual gobernador Maximiliano Pullaro.
La paradoja es absoluta: esos mismos gremios que hoy se declaran “opositores” a la reforma laboral, fueron los que financiaron y movilizaron para que lleguen al poder los legisladores que acompañaron punto por punto la ley de Pullaro que recorta derechos. De Grandis logró retener la ciudad frente a esa embestida económica, pero la “factura” política se cobró ayer en público.
El “pago” por votar contra el trabajador
Máximo Kirchner fue el encargado de ponerle palabras al malestar de la base peronista. Sin dar nombres propios pero con la mirada fija en los rincones del acto, liquidó a los dirigentes que pretenden jugar para los dos bandos.
“Le pegan a la pelota con las dos piernas”, disparó el diputado nacional, sugiriendo que muchos de estos referentes cobran para terminar votando en contra de sus propios representados.
La coherencia en un rincón
Para el peronismo regional, lo de ayer fue una prueba de fuego. No podían faltar a una convocatoria de unidad, pero su pasado reciente los condenó a un papel secundario. Como diría el periodista Carlos Pagni, son “minucias” que revelan cómo se cocina el poder: gremios que ponen la cara en el PJ pero ponen la caja en el Radicalismo.
Hoy, con la Reforma Laboral ya en marcha gracias a los votos de Unidos, el sindicalismo que apostó por Pullaro debe explicarle a sus afiliados por qué financiaron a sus propios verdugos.






