Por Nicolás Carugatti
El presidente y CEO de YPF, Horacio Marín, se ha consolidado como uno de los ejecutivos más sólidos, pragmáticos y con mayor capacidad comunicacional dentro del ecosistema del gobierno de Javier Milei. No se trata de un funcionario más: maneja los destinos de la mayor empresa del país, una corporación mixta cuyo éxito operativo y financiero condiciona directamente el ingreso de divisas y las proyecciones exportadoras de Argentina en materia de oil and gas para la próxima década.
Por eso, su desembarco en el SUM de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) para disertar durante más de una hora y media ante más de 800 empresarios concentró una expectativa que excedía con creces los balances corporativos. Sin apelar a eslóganes fáciles ni caer en la chicana del “riesgo kuka”, Marín eligió la contundencia de los hechos para fundamentar por qué la petrolera decidió dejar atrás lo que definió como “el Estado bobo” —esa categoría que en la historia argentina reciente traduce la cartelización de la obra pública y la eternidad de atajos burocráticos para demorar obras y seguir facturando—. Como ya detalló este medio en la crónica Marín en la Bolsa de Rosario: “Se acabó el Estado bobo, la infraestructura la tiene que hacer el privado que gana plata”, el mensaje interpeló de forma directa la comodidad de un empresariado acostumbrado a exigir caminos públicos perfectos sin arriesgar capital propio.
Sin embargo, el verdadero subtexto del paso de Marín por Rosario se leyó en clave estrictamente política. Su visita coincidió con momentos determinantes de las negociaciones que el gobernador Maximiliano Pullaro lleva adelante con la administración central de Javier Milei, donde la discusión por la suspensión de las elecciones PASO a nivel nacional se entrelaza con el esquema de financiamiento de obras y el diseño electoral en las provincias clave.
En ese marco, la decisión de Marín de colocar públicamente en cabeza del gobernador santafesino la iniciativa para poner en marcha la histórica refinería de San Lorenzo —paralizada y oxidándose desde el año 2018— no puede interpretarse como un simple acto de cortesía diplomática. En la alta política nacional, que un jugador central y de confianza directa del presidente Milei siente en el centro de la escena al mandatario provincial de un signo partidario distinto representa un aval de envergadura. Se trata, en rigor, del correlato público de un entendimiento mayor: la maduración de un esquema de convivencia electoral que le permita a Unidos para Cambiar Santa Fe confrontar contra el peronismo en una polarización directa, cancelando el riesgo de fragmentar el voto no peronista en tercios.
Detrás de la ingeniería territorial de ese armado se mueve la figura del multifacético operador radical Julián Galdeano. En su escritorio descansan los números actualizados de encuestas que miden cada rincón de la bota santafesina, categoría por categoría. Entre esos relevamientos minuciosos figuran la ciudad de San Lorenzo y el departamento homónimo: las proyecciones electorales demuestran que un entendimiento o esquema de coexistencia que no disperse el voto de La Libertad Avanza deja a los candidatos de Unidos con una ventaja abrumadora frente a cualquier intento de reorganización del justicialismo.
La visita de Horacio Marín dejó tela para cortar en los despachos corporativos, pero sobre todo en las mesas de arena de la política regional. Entre números millonarios de Vaca Muerta, ductos salvados en Medio Oriente y anécdotas descontracturadas, el titular de YPF dejó en claro que su viaje al sur de Santa Fe tuvo un alcance mucho más profundo que el de contarle a la platea su gusto por las hamburguesas de comida rápida.






