Opinión

La oportunidad de volver a un 2005 de inversiones: el complejo agroexportador ante un nuevo ciclo de expectativas

La oportunidad de volver a un 2005 de inversiones: el complejo agroexportador ante un nuevo ciclo de expectativas

Puerto de Renova la última inversión de escala para el crushing
Por Nicolás Carugatti
08-07-2026 05:50 PM
Por Nicolás Carugatti

Argentina tiene una capacidad casi inexplicable para tropezar con la misma piedra, pero también, por suerte, una resiliencia industrial que desafía cualquier pronóstico. Hoy, mientras celebramos que el complejo agroexportador vuelve a ser el más grande del mundo —un logro que parece milagroso al compararnos con la velocidad de Brasil y Estados Unidos—, es imposible no mirar hacia atrás y ver las cicatrices de veinte años perdidos.

La historia de nuestra industria de crushing es la historia de una carrera de postas que tuvo arranques prometedores y paradas abruptas. Todo comenzó en la década del 90, cuando el Decreto 817/92 de Carlos Menem sacudió el tablero: la privatización y reorganización del transporte marítimo y fluvial fue el puntapié inicial para que capitales nacionales y multinacionales desembarcaran en nuestra región con inversiones de magnitud. La ventaja competitiva, entonces, era la capacidad de elevación en muelles privados.

Diez años después, en 2005, entramos en la fiebre de la escala. Bajo la presidencia de Néstor Kirchner, la moda era quién duplicaba su capacidad de molienda primero. El horizonte era claro: Argentina debía alcanzar los 100 millones de toneladas de cosecha. Parecía un destino inevitable. Sin embargo, ese proceso de expansión astronómica —que Brasil sí logró consolidar— se estrelló contra la pared de la nefasta Resolución 125. Las retenciones móviles no solo generaron una grieta política brutal entre el campo y la dirigencia, sino que congelaron nuestra superficie productiva durante dos décadas.

Hubo un “veranito” de inversiones en 2010 con la Ley de Biocombustibles, que permitió diversificar los predios. Tuvimos hitos como la construcción de Renova —alianza de Oleaginosa Moreno y Vicentin—, que se alzó como el complejo portuario y de molienda más grande del mundo. También el desarrollo de los puertos de ACA y AGD en Timbúes. Pero, en el balance general, fueron islas de progreso en un mar de estancamiento macroeconómico.

Hoy, la historia parece pedir una revancha. Los anuncios de Molinos, ACA y Louis Dreyfus para Bahía Blanca reavivan el motor. El mercado vuelve a ilusionarse con una baja de retenciones que permita, por fin, que el campo despegue. Además, la adjudicación de la Vía de Navegación Troncal nos saca de la incertidumbre de las prórrogas eternas.

Hemos vuelto a ser el complejo agroexportador más grande del planeta gracias a la infraestructura construida hace veinte años, que resistió el paso del tiempo “contra viento y marea”. Estamos nuevamente ante un desafío histórico, como aquel 2005. La pregunta que flota en el aire es si, esta vez, aprenderemos a no desperdiciar la oportunidad o si seguiremos siendo esa máquina que, con talento y capacidad, se dedica a dilapidar décadas de crecimiento.

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