En una muestra más de la degradación del debate político local y la intolerancia hacia el pensamiento divergente, el ingreso a la ciudad de San Lorenzo amaneció con un pasacalle difamatorio dirigido contra el senador nacional por Santa Fe, Eduardo Galaretto. Fiel al estilo de las operaciones de prensa de baja estofa, la pancarta carece de todo tipo de pie de imprenta, violando abiertamente la normativa vigente que exige la identificación responsable de todo material de propaganda política.
Esta modalidad no sorprende en el ejido local: se ha convertido en una costumbre recurrente de sectores vinculados al kirchnerismo sanlorencino que, ante la imposibilidad de sostener discusiones de cara a la ciudadanía con argumentos sólidos, prefieren acudir a panfletos físicos y digitales para escrachar a sus oponentes políticos.
La doble vara y la agresión como respuesta al debate
La táctica de escudar agresiones tras el anonimato convive con una marcada hipocresía a la hora de recibir críticas. Mientras apelan al libelo clandestino para atacar a dirigentes con posiciones políticas diferentes, los referentes de este espacio reaccionan de manera desproporcionada ante cualquier cuestionamiento a su labor o a sus postulados.
Un ejemplo claro de esta dinámica se evidencia en las constantes sobreacciones de los concejales Martín Cerdera y Yasmín Petrillo. Cada vez que son confrontados o interpelados en el recinto legislativo o en la esfera pública, recurren de inmediato a la descalificación personal, lanzando barbaridades y mentiras infundadas contra quienes no se alinean a sus posturas.
«Las ideas en democracia se defienden con la palabra, de cara a la sociedad y firmando al pie. Escondida detrás de un cartel anónimo o un perfil falso, la política deja de ser una herramienta de transformación y se convierte en un simple acto de cobardía.»
La libertad de expresión exige responsabilidad legal
En el sistema democrático, la libertad de expresión es un pilar sagrado e innegociable. Sin embargo, dicha libertad conlleva de manera indivisible la obligación de asentar la firma y hacerse cargo de las opiniones emitidas.
El uso de pasacalles o volantes sin identificación no solo configura una falta ética, sino que constituye una contravención penada por la ley. Todo lo que no lleva firma no es opinión ni debate; es mero panfletarismo y difamación. San Lorenzo merece un debate público a la altura de sus vecinos, donde las diferencias se diriman con respeto institucional, propuestas y la cara descubierta.






