La esperanza de un desenlace favorable al cierre de la jornada de ayer se transformó en incertidumbre. Lo que durante buena parte del jueves parecía un acuerdo inminente entre las cámaras empresarias y los gremios aceiteros (SOEA San Lorenzo y la Federación de Trabajadores del Complejo Industrial Oleaginoso), terminó chocando contra la pared en el último tramo de la negociación.
De la expectativa a un nuevo cuarto intermedio
Ayer, el clima en el Ministerio de Trabajo dejaba traslucir un optimismo cauteloso. Todo hacía suponer que las partes habían logrado limar las asperezas necesarias para estampar la firma. Sin embargo, al momento de cristalizar los puntos, el entendimiento no prosperó.
Ante la imposibilidad de cerrar los últimos detalles, se dictó un nuevo cuarto intermedio, extendiendo la angustia de los trabajadores y la expectativa de todo el cordón industrial. La distancia entre lo ofrecido y lo demandado —o quizás la letra chica del esquema de pagos— volvió a imponerse sobre la voluntad de acuerdo que ambas partes habían manifestado.
Lunes, el día clave
Con la negociación nuevamente abierta, las delegaciones aceiteras retomaron hoy sus puestos de trabajo en la mesa de diálogo. El escenario es de máxima presión: el gremio llega con el mandato de no ceder en la recomposición salarial, mientras que las empresas intentan evitar un conflicto de mayor escala que ponga en jaque la operatividad del complejo agroexportador.
La pregunta que resuena hoy en el sector es qué fue lo que finalmente trabó el acuerdo que parecía un hecho. Por ahora, el hermetismo sigue siendo absoluto, pero el paso de las horas será vital. El sector aceitero, pilar de la economía regional, se mantiene en alerta máxima, esperando que esta jornada sea la definitiva para destrabar una paritaria que viene siendo, por lejos, la más compleja del año.






