El conflicto aceitero atraviesa su momento más crítico. Luego de una extensa jornada de deliberaciones en la Secretaría de Trabajo de la Nación, el diálogo se mantuvo abierto pero el resultado fue, una vez más, la falta de consenso. La propuesta presentada por las cámaras (CIARA-CEC), que consistía en un incremento del 12% de manera escalonada, fue descartada por los gremios, marcando una brecha que, por el momento, parece difícil de cerrar.
El comunicado de la industria
Horas después del encuentro, CIARA-CEC hizo público un comunicado oficial en el que confirmó el fracaso de la instancia de acuerdo, aunque rescató la reanudación del canal de diálogo. El sector empresario adoptó una postura conciliadora hacia la opinión pública, buscando evitar una escalada de medidas de fuerza.
“Es clave que la comunidad aceitera solicite a los líderes sindicales que acepten la propuesta salarial de la industria, así podamos todos seguir trabajando en normalidad. El camino del paro nacional no sirve para nadie”, sentenciaron desde la cámara exportadora.
El cronograma de la tensión
El “fixture” de la negociación es apretado y no admite margen de error. La conciliación obligatoria tiene los días contados: restan solo 24 horas para su vencimiento. A pesar de la falta de resultados de ayer, el canal de comunicación continúa: las partes han acordado volver a sentarse a negociar este jueves en la Secretaría de Trabajo.
Para el Cordón Industrial, este escenario es de máxima preocupación. Un paro por tiempo indeterminado en pleno pico de actividad exportadora no solo afectaría a las empresas, sino que paralizaría la logística regional y el flujo de divisas que hoy sostiene gran parte de la economía nacional.
Un escenario “bisagra”
El rechazo de la oferta del 12% refleja la firmeza de las bases sindicales, que ya han internalizado expectativas de recomposición mucho más altas, en línea con el “fixture” de demandas que se venía discutiendo en la región. Mientras tanto, el reloj corre: el miércoles será una jornada de consultas internas en el gremio y el jueves se presenta como la última oportunidad real antes de que caiga la conciliación y el escenario de conflicto quede totalmente liberado.
Las partes vuelven a Buenos Aires con la presión de la opinión pública, la urgencia de la paz social y la sombra de un paro nacional que, según la industria, no beneficia a ninguna de las partes.







