El desplome de un gigante regional
La industria de los biocombustibles en el Cordón Industrial de San Lorenzo y su zona de influencia se encuentra hoy frente a una encrucijada que combina debilidad interna y amenazas externas sin precedentes. De acuerdo a los datos procesados por la Bolsa de Comercio de Rosario en su último informativo semanal, el cierre del año 2025 ha dejado una herida profunda en las planillas de resultados de las terminales portuarias: por primera vez en casi dos décadas, las exportaciones de biodiesel representaron apenas el 28% del volumen total producido en el país. Este dato no es solo una cifra estadística, sino que representa el punto más bajo en la historia de una industria que fue concebida y desarrollada con un perfil netamente exportador, llegando a colocar en los mercados externos más del 65% de su producción en años de bonanza.

El origen de esta crisis se explica, en gran medida, por un movimiento de pinzas que asfixia a las plantas santafesinas. Por un lado, la caída de la demanda internacional ha sido constante, producto de las restricciones que países como Estados Unidos impusieron tiempo atrás y que ahora la Unión Europea busca profundizar. Por el otro, el mercado interno argentino tampoco ha funcionado como un colchón protector, ya que la última actualización normativa redujo la tasa de corte obligatorio del 12,5% al 7,5%, lo que provocó que, en este último año, la comercialización de biodiesel dentro de las fronteras nacionales cayera un 10%. Es decir, el sector está produciendo menos para el mundo y, simultáneamente, se le ha recortado su participación en las estaciones de servicio locales.

La amenaza de Bruselas y el factor iLUC
Sin embargo, el factor que más preocupa a los empresarios y analistas del sector es la inminente resolución de la Comisión Europea. El órgano ejecutivo del bloque continental puso en consulta un borrador de reglamento que revisa la metodología sobre el riesgo por el llamado cambio indirecto del uso del suelo (iLUC). Bajo estos nuevos criterios, la Unión Europea ha decidido incluir a la soja como un cultivo de alto riesgo. Si este reglamento llega a aprobarse bajo los términos actuales, para el año 2030 el biodiesel a base de aceite de soja —que constituye la totalidad de la oferta exportable argentina— tendría prohibido el ingreso a los puertos europeos. La gravedad de esta situación es absoluta si se tiene en cuenta que, durante el último año, el 100% de las exportaciones de biodiesel de nuestro país tuvieron como destino único a la Unión Europea.

La Bolsa de Comercio de Rosario ha sido muy crítica con los fundamentos de esta medida. Desde la entidad santafesina se advierte que los criterios adoptados por la Comisión Europea carecen de una base científica sólida y exacta que refleje la realidad productiva de nuestro país. El informe destaca una contradicción flagrante: la Unión Europea pretende penalizar a la soja argentina basándose en la expansión de la superficie sembrada a nivel global, cuando en la Argentina la superficie dedicada a la oleaginosa se ha mantenido estable e incluso ha retrocedido en algunas campañas. Se ignora, además, que el complejo agroindustrial local es uno de los más sustentables del planeta, con una adopción de la siembra directa que alcanza el 94% de la superficie, sumado a esquemas de rotación de cultivos que protegen la salud del suelo.
Santa Fe: el epicentro del perjuicio económico
El impacto social y económico de esta posible clausura comercial es incalculable para el departamento San Lorenzo y las localidades vecinas. Santa Fe no es un actor más en esta película; la provincia representa el 58% de la producción nacional de biocombustibles y concentra en el Up River la infraestructura de molienda y refinación más competitiva del globo. Si se cierran los puertos europeos, se estaría liquidando el canal de salida de una industria que genera miles de puestos de trabajo directos e indirectos, desde el operario en la planta de refinación hasta el transportista que llega a la terminal y el laboratorio que certifica la calidad del producto. El perjuicio es alto y directo, ya que el biodiesel argentino está históricamente diseñado para satisfacer los estándares internacionales más exigentes, y perder este mercado significaría dejar ociosas inversiones millonarias.
En términos de divisas, el retroceso también es significativo. Mientras que años atrás el biodiesel era un generador constante de dólares frescos para las reservas del Banco Central, la participación decreciente de la exportación en el mix de ventas ha erosionado ese aporte. En 2025, la provincia sufrió las consecuencias de un mercado más pequeño, donde incluso la recuperación del consumo de combustibles fósiles no arrastró al biodiesel, sino que lo dejó rezagado debido a la baja proporción de mezcla permitida por la ley actual. Esto genera una paradoja ambiental: mientras el mundo discute la descarbonización de la economía, Argentina y sus principales compradores aplican normativas que terminan favoreciendo el uso de combustibles fósiles en detrimento de alternativas renovables y locales.
Gestiones diplomáticas y el futuro del sector
Ante este escenario, tanto el sector público nacional y provincial como las entidades privadas han iniciado una serie de gestiones y negociaciones en distintos niveles diplomáticos. El objetivo es que la Comisión Europea reemplace los criterios iLUC por parámetros que tengan fundamentos técnicos demostrables y que reconozcan los esfuerzos de sustentabilidad del campo argentino. Las objeciones ya han sido presentadas formalmente, pero el tiempo corre y la incertidumbre paraliza las decisiones de inversión en el Cordón Industrial. La defensa de la industria del biodiesel no es solo una cuestión gremial, sino que representa la defensa de la soberanía productiva de una provincia que ha hecho del procesamiento de granos su principal carta de presentación ante el mundo.
Finalmente, el informe de la Bolsa de Comercio de Rosario deja en claro que, de no mediar un cambio en la postura europea o una revisión ambiciosa de la política de biocombustibles en el plano local, el futuro de las plantas refinadoras de la región es sumamente complejo. El acuerdo Mercosur-Unión Europea, que en teoría preveía la eliminación de aranceles para el biodiesel, terminaría siendo una cáscara vacía e irrelevante si el mercado ya se encuentra clausurado por barreras para-arancelarias de índole ambiental. La lucha por la supervivencia de la industria santafesina se libra hoy en los laboratorios y en los despachos de Bruselas, pero sus consecuencias se sentirán con fuerza en cada rincón de nuestra comunidad si no se logra revertir esta tendencia histórica a la baja.







