En paralelo, en el mercado argentino el escenario es distinto: la presión de cosecha y la fuerte oferta de granos empujaron al maíz a mínimos de los últimos ocho años, a pesar del contexto internacional alcista.
Fondos de inversión impulsan subas en Chicago
El mercado de granos reaccionó rápidamente al nuevo escenario geopolítico. En las últimas seis semanas los fondos especulativos modificaron de forma drástica su posicionamiento en el mercado de futuros de Chicago.
Pasaron de mantener una posición fuertemente vendida en 245.400 contratos de granos y derivados a una posición comprada de 295.045 contratos, lo que implica un giro de más de 540.000 contratos en apenas un mes y medio.

Gran parte de ese movimiento se concentró en la soja y sus derivados. Según los cálculos del mercado, el volumen de compras equivale a 48 millones de toneladas de soja, una cifra similar al tamaño de la cosecha argentina proyectada para este año.
En los cereales ocurrió un fenómeno similar: En maíz, los fondos pasaron de posiciones vendidas a quedar levemente comprados. En trigo, redujeron un 85% sus posiciones bajistas tras comprar cerca de 93.000 contratos.
Este flujo de capital empujó los precios del trigo hasta US$ 218 por tonelada, los niveles más altos desde febrero de 2025.
Sin embargo, los analistas advierten que el efecto podría revertirse rápidamente si el conflicto se modera o si los fondos deciden tomar ganancias.
Fertilizantes en alerta por el Estrecho de Ormuz
Uno de los impactos más directos del conflicto se observa en el mercado de fertilizantes.
El Estrecho de Ormuz es clave para el comercio global porque por esa vía circula: 25% del petróleo marítimo mundial, 20% del gas natural licuado cerca de un tercio del comercio internacional de fertilizantes.
El gas natural es además un insumo crítico para producir urea, ya que representa cerca del 80% del costo de fabricación.

Con la ruta marítima en riesgo, los embarques deben desviarse por trayectos más largos, lo que encarece fletes, seguros y precios finales. Esto genera temor a un aumento significativo de los costos de producción agrícola en varios países que se preparan para la próxima campaña del hemisferio norte.
Maíz argentino en mínimos de ocho años
Mientras los mercados internacionales reaccionan al conflicto, el mercado argentino enfrenta una realidad distinta: abundancia de oferta.
Durante la última semana ingresaron 800.000 toneladas de maíz a los puertos del Gran Rosario, un volumen que supera en 141% al de la semana previa y multiplica por 2,6 el promedio histórico para esta época.
Ante la presión de cosecha, las ofertas del sector exportador bajaron de US$ 180 a US$ 170 por tonelada, lo que llevó la pizarra local a niveles mínimos en términos reales desde enero de 2018.

El trigo argentino siguió la tendencia internacional y registró subas moderadas en el mercado FOB, aunque menores que en otros países exportadores.
Esto tuvo un efecto inesperado: mejoró la competitividad del cereal argentino en el mercado internacional, mientras que en el mercado de futuros el contrato de julio subió 4,6% entre febrero y marzo, replicando la tendencia de Chicago.
Aceite de soja en máximos de dos años
Otro de los productos que reaccionó con fuerza fue el aceite de soja.
En Chicago superó US$ 1.420 por tonelada, acumulando un aumento de 22% desde febrero y alcanzando su valor más alto desde fines de 2022.
Sin embargo, el precio del aceite argentino no acompañó el mismo ritmo. El valor FOB incluso cayó 2,2% en la última semana, profundizando las primas negativas frente a los futuros internacionales.
Argentina con oferta récord de granos
A nivel interno, el mercado se encamina hacia una campaña con stocks finales históricos.
Las proyecciones indican que podrían quedar más de 21 millones de toneladas de granos entre soja, maíz, trigo, girasol y sorgo al cierre de la campaña 2025/26.
Esta abundancia de mercadería tiende a limitar las subas de precios, aunque al mismo tiempo posiciona a Argentina con un gran poder de abastecimiento para el mercado global, en un contexto internacional marcado por la incertidumbre geopolítica.
El impacto final dependerá principalmente de la duración del conflicto en Medio Oriente y su efecto sobre los costos energéticos, los fertilizantes y la demanda mundial de granos.







