El cuerpo de Gonzalo Darío Cucit apareció la noche del 30 de julio de 2024 en la soledad del kilómetro 22,5 de la Ruta 34, frente al ingreso de la Estancia Santa Eulogia en Luis Palacios. No fue un asalto al azar. Fue el desenlace de una cacería planificada que hoy tiene a tres hombres en el banquillo de los acusados: Ramón Alberto Rojas, Iván Jonathan Castillo y Claudio Daniel Martín, alias “Mono BJ”.
Una víctima acorralada
Gonzalo, de 36 años, vivía en Correa y lidiaba con una adicción que lo había consumido financieramente. En una sola semana, podía gastar hasta 200 mil pesos en estupefacientes que le proveía el “Mono” Martín. A pesar de haber tenido recientemente una suma importante de dinero por el pago de una cosecha, la desesperación por saldar deudas lo llevó a vender todo: su televisor, su microondas y, finalmente, su Ford Fiesta SE Plus.
Esa necesidad fue su sentencia. Martín, su proveedor, lo contactó con Ramón Rojas, un hombre con peso en el mundo narco de Carcarañá, simulando una compra legítima del vehículo por un precio tentador. La trampa era tan cínica que Gonzalo ya les había entregado los papeles del auto doce días antes de morir.
La “película” de la última noche
La tarde del martes 30 de julio, Gonzalo salió de su casa en Correa a las 19:20 hs, convencido de que iba a concretar el negocio. Lo que siguió fue una secuencia captada por domos de seguridad que hoy son pruebas clave:
- 19:35 hs: Gonzalo llega al cruce de las rutas 9 y S26. Allí lo esperan Rojas y Castillo en una Ford Eco Sport negra.
- 20:00 hs: Los dos vehículos entran a la estación Puma Axion de Roldán. Las cámaras captan a Gonzalo charlando con Rojas mientras este carga combustible. Esa fue la última imagen de Cucit con vida, bajo una falsa sensación de normalidad.
- 20:13 hs: Los autos giran hacia la Ruta AO12 y luego hacia la Ruta 34.
Cinco disparos y un rastro digital
Al llegar al kilómetro 22,5, la Eco Sport se detuvo y la trampa se cerró. A Gonzalo lo bajaron del auto y lo acribillaron: recibió cinco disparos de una pistola 9 milímetros en el cuello, la cadera, el hombro y la espalda. Para asegurar su muerte, lo golpearon con un objeto contundente en la cabeza, provocándole una fractura de cráneo.
Los asesinos huyeron con el Ford Fiesta y el celular de la víctima, pero cometieron errores fatales. El fiscal Aquiles Balbis demostró que, tras el crimen, los teléfonos de Rojas, Castillo y el celular robado a Gonzalo se movieron en bloque hacia Capitán Bermúdez y Granadero Baigorria.
Pero la prueba más escalofriante se encontró en el celular de Iván Castillo: la tarjeta Micro SD que pertenecía a Gonzalo. Aunque la habían formateado, los peritos recuperaron fotos personales de Cucit tocando la batería y trabajando en el campo.
Horas después del hallazgo del cuerpo, el “Mono” Martín, el hombre que le vendía droga a Gonzalo y lo entregó a sus ejecutores, le envió un mensaje por WhatsApp a Rojas: “Borra todos los mensajes que tenés con Gonzalo”. Era tarde. El rastro de sangre y tecnología ya los había señalado.
Hoy, la justicia busca cerrar el círculo con una condena que le dé un poco de paz a una familia que vio cómo la “industria” de la droga y la traición les arrebató a un hijo.







