La scaloneta

La selección de “Chorros” de San Lorenzo: 10 nombres, cien causas y la impunidad de la puerta giratoria

La selección de “Chorros” de San Lorenzo: 10 nombres, cien causas y la impunidad de la puerta giratoria

Son siempre las mismas caras. Aparecen en los videos de vigilancia rompiendo vidrieras, robando motos o vaciando comercios. Tienen prontuarios abultados, pero las leyes les permiten entrar por una puerta y salir por la otra casi al instante. ¿Quiénes son los diez "elegidos" de la impunidad y por qué nadie se anima a ponerles el cascabel al gato?
28-06-2026 01:02 PM
Son siempre las mismas caras. Aparecen en los videos de vigilancia rompiendo vidrieras, robando motos o vaciando comercios. Tienen prontuarios abultados, pero las leyes les permiten entrar por una puerta y salir por la otra casi al instante. ¿Quiénes son los diez "elegidos" de la impunidad y por qué nadie se anima a ponerles el cascabel al gato?

En San Lorenzo existe una realidad que ya no es un secreto: hay un núcleo duro de delincuentes, no más de diez, que mantienen en vilo al comercio céntrico y a los barrios. Son “delincuentes ilustres” que la ciudadanía reconoce por las filmaciones que se viralizan en redes sociales. El vecino sabe quién es, el comerciante conoce su apodo, y hasta la policía los cruza con nombre y apellido. Sin embargo, el sistema sigue fallando.

El muro de la ley: la trampa de los “delitos menores”

La indignación social crece cuando vemos al mismo sujeto detenido por cuarta vez en el mes. La respuesta técnica es casi siempre la misma: la ley es laxa. Muchos de estos hechos son caratulados como hurtos o robos simples, delitos que, en el código procesal, suelen ser excarcelables.

Tener “frondosos antecedentes” no alcanza para que un fiscal logre una condena de prisión efectiva si el delito puntual cometido no llega al umbral punitivo necesario. Se genera así un círculo vicioso donde el delincuente sabe perfectamente que, tras el forcejeo y el trámite policial, la libertad es cuestión de horas. La justicia se ve desarmada ante leyes que parecen no haber sido escritas para un delincuente que reincide diez veces en un año.

El negocio del caos: vidrieras rotas y mensajes cifrados

Aquí es donde la nota cobra un matiz más oscuro. Muchos de estos robos, especialmente aquellos donde se rompen vidrieras de comercios sobre avenidas principales, dejan de parecer hechos aislados de “necesidad” para convertirse en acciones coordinadas.

Es un secreto a voces: a veces, el caos no es solo producto de la oportunidad, sino una puesta en escena. Antaño, la “visibilidad” se buscaba incendiando el auto o el frente de la casa de algún dirigente o periodista que molestaba. Hoy, la táctica mutó: el daño coordinado a comercios genera un clima de inseguridad que le sirve a distintos actores. Es un juego de poder donde el comerciante termina siendo el rehén, y el delincuente, el brazo ejecutor de un mensaje. Todos saben quiénes son, pero nadie les pone el cascabel al gato.

La política y el “calentamiento” electoral

No es casualidad que este fenómeno se potencie cuando los calendarios electorales se acercan. La inseguridad es una moneda política de alto valor, y la especulación con el “caos” es una práctica vieja que siempre vuelve.

Cuando los medios de comunicación publican los videos en tiempo real y las redes sociales estallan en bronca, el ambiente se carga. Esa presión social, sumada a la conveniencia de ciertos sectores de mostrar una ciudad “fuera de control”, convierte a estos diez delincuentes en piezas clave de un tablero que poco tiene que ver con la seguridad del vecino y mucho con la estrategia de poder.

El límite de la paciencia

La ciudadanía ya no solo reclama seguridad; reclama coherencia. El hartazgo ante la impunidad de los mismos protagonistas de siempre está llegando a un punto de no retorno. Mientras se sigan discutiendo procesos electorales sobre la base de la inseguridad, y mientras no exista una voluntad real de reformar las leyes para que la reincidencia tenga un costo efectivo, los diez nombres seguirán repitiéndose en nuestras pantallas de seguridad.

Es hora de dejar de mirar al costado. San Lorenzo sabe quiénes son. El sistema, parece, también. Lo que falta es la decisión de terminar con la puerta giratoria que hoy nos hace rehenes a todos.

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