Tiroteo en San Lorenzo

El descargo de una familia a dos años y medio de aquel infierno en San Luis al 900

Pedro Gabriel Sánchez resultó absuelto por los hechos ocurridos en aquel polémico allanamiento de septiembre de 2018. "Fuimos traicionados vilmente por alguien de nuestro entorno cercano"


La Cámara de Apelaciones absolvió en segunda instancia a Pedro Gabriel Sánchez, el sanlorencino que repelió a tiros policías durante un allanamiento en su domicilio de San Luis 975, ocurrido el 26 de septiembre de 2018. En julio de 2020, un tribunal de primera instancia lo había condenado a 5 años y 4 meses de prisión.

Los jueces Juan José Tutau, Carlos Pareto e Ignacio Vacca habían condenado a Sánchez por el delito de tentativa de homicidio agravado por el uso de arma de fuego cometido bajo un error vencible de prohibición; mientras que lo había absuelto de los cargos de amenazas calificadas por el uso de arma, abuso de armas agravado y de tenencia de arma de fuego de uso civil y de guerra sin la debida autorización legal.

Los camaristas Gabriela Sansó, Carolina Hernández y Carlos Carbone hicieron lugar a la apelación interpuesta por la defensa de Sánchez y resolvieron la absolución. El imputado cumplía prisión domiciliaria desde octubre de 2018, ya que en el enfrentamiento sufrió una grave herida en la pierna izquierda. A pocos días de la resolución en segunda instancia, la familia de Gabriel compartió una carta escrita por su esposa Marcela: responsabilizan al ex yerno por el origen del allanamiento, cuestionaron al fiscal Juan Ledesma y aseguraron que Gabriel recibió el tiro en la pierna cuando ya estaba esposado.

“Al fin, después de dos años y medio de transitar un calvario cuyo autor sin escrúpulos cargado de oscuridad y mentiras nos hizo padecer, llegó la claridad, que en parte nos devuelve nuestra propia identidad.

La ex pareja de mi hija Melina (12 años de novios y 6 meses de convivencia) acusó falsamente a mi esposo. Dijo que mi esposo entró y con tono amenazante preguntó «¿qué pasa acá?» Y que se tocó la cintura como si tuviera un arma. A este argumento poco sólido la Justicia le dio luz verde y el 26 de septiembre del 2018, nuestras vidas quedaron a merced de un sistema, que a menudo, aturde con su indiferencia y lentitud, pero que en nuestro caso, y vaya a saber por qué razón, fue de trámite rápido, abrupto y obsceno.

Dos grupos de tácticas especiales se apersonaron, rompieron el portón de la cochera e inmediatamente la puerta de ingreso. Mi esposo, un hombre de 60 años sin antecedentes penales, estaba descansando, eran las 7.45 horas, confuso, toma su arma registrada legalmente y repele lo que creyó un robo, dado que el grupo profesional no se identificó en ningún momento previo al ingreso a la vivienda. Hubo disparos, como consecuencia, dos oficiales heridos y mi esposo herido en el abdomen con municiones de goma, inmediatamente que la policía se identifica, mi esposo depone su actitud defensiva, deja el arma y es esposado boca abajo en el piso.

El video que la policía filma para garantizar el correcto accionar, muestra con elocuencia en qué condiciones se desarrolla el procedimiento. Se oye nítidamente el cese de los disparos, y después de unos segundos un único disparo, seguidamente la voz quebrada de mi esposo diciendo «¡mi pierna, mi pierna, me duele!». Posteriormente la filmación que no debía interrumpirse se corta, por razones técnicas aducen.

Reitero que mi esposo estaba a disposición en el piso, esposado con las manos en la espalda. En ese estado de total indefensión recibe un tiro en su pierna izquierda con orificio de entrada en la parte posterior de la misma, dada la proximidad y el calibre del arma se destrozó su fémur, diagnostico que consta en la historia clínica del Hospital Italiano, donde fue intervenido dos veces.

De allí en más hemos sido expuestos y pluralizo, porque si bien mi esposo fue quién llevó lo peor de todo esto, toda nuestra familia fue maltratada y avasallada por los operantes del procedimiento. Procedimiento plagado de irregularidades, como insultos, omisiones, jamás se nos mostró la orden de allanamiento, empujones al requerir saber el paradero de mi esposo, del que no sabíamos si estaba vivo o muerto. Nuestro hogar era un caos, la incertidumbre se apoderó de nosotros, no había razón que pudiera justificar a nuestro entender tamaño operativo, cuando alguien se digna a decirnos que es por la denuncia que hizo la ex pareja de mi hija Melina, no logramos salir de nuestro asombro. Este hombre ni siquiera elaboró una mentira creíble, la denuncia era escueta y pueril, aun así logró activar una bomba cuyo alcance ni siquiera se detuvo a considerar.

Aquel día todo pudo ser peor, pudieron morir personas. Si el tiro que recibió en la pierna mi esposo hubiera sido en una zona vital, mi esposo, seguramente estaría engrosando la lista de delincuentes abatidos. ¡Qué horror, cuánto dolor! Gracias a que la policía lo necesitaba vivo sólo lo golpearon ferozmente para que les indicara adonde estaban los valores que había en la casa. Hoy puede contar la historia tal cual fue, y no como se transmitió por algunos medios de comunicación. Mi esposo, el delincuente, expuesto con toda la nitidez de su rostro con nombre y apellido. ¿Raro no? Ni a los delincuentes confesos y condenados se los exhibe con sus facciones a pleno. Y si consideramos que hasta ese momento mi esposo no estaba imputado, ¿por qué no se lo resguardó? ¿Por qué se mediatizó su filiación y fisonomía? ¿Qué hubo detrás de este procedimiento? ¿Por qué tanta agresividad para con un hombre de 60 años sin antecedentes?

Requerido por una denuncia que más allá de ser falsa era inviable bajo la condición que fue tomada. A la denuncia de amenazas calificadas la ex pareja de mi hija le suma otra denuncia por tenencia ilegal de armas y por lo ocurrido con el grupo de operaciones especiales, donde resultan heridos dos oficiales, intento de homicidio. ¿Cómo hizo este hombre, de más de 40 años, después de abandonar el hogar donde convivió con nuestra hija por 6 meses, para volver con sus padres y hermana, ya que los extrañaba y no lograba adaptarse a la nueva etapa, para poner en movimiento el engranaje legal que le permitió destruir nuestro buen nombre y honor? ¿Qué trasfondo hay para que un fiscal, cuya obligación es estar presente durante el operativo y nunca estuvo, autorice el accionar de dos grupos de elite para allanar la casa de un hombre de 60 años sin antecedentes por la denuncia demencial de su ex yerno? ¿Por qué se ignoró la orden del juez que indicaba actuar con la debida moderación y prudencia?

Cuántos interrogantes, cuánta oscuridad, cuánto miedo nos queda, porque hay mucho más, tanto que uno calla para no seguir siendo el blanco de tanta corrupción e impunidad. En el juicio de primera instancia la defensa me ofrece como testigo de concepto por el vínculo conyugal. No me cabe otra condición, sin embargo, allí pude liberar mi opresión esa que el miedo impone, confié en ese tribunal, y en el juez que lo presidia y detallé minuciosamente todas las vejaciones de las que fuimos objeto por ser los delincuentes que mi ex yerno se encargó de construir y la Justicia reprimir.

El fiscal en medio de mi exposición me interpeló reprochando por qué no había denunciado todo eso ante mi estupor: ¿a quién, y con qué garantías? A mi hogar llegó la policía, no eran delincuentes, ¿Se puede justificar mi miedo? Mi esposo fue amenazado de muerte por haber herido a dos policías. Claramente él ignoraba de quienes se trataba cuando irrumpieron sin anunciarse a nuestra casa. Repito, todos mis dichos son comprobables en el registro fílmico. Hubo tantas desprolijidades en la exposición de la inoperancia profesional, que sin dudas este caso marcará un antes y un después en el accionar de los efectivos de este grupo de elite.

Cómo se puede dar crédito a la palabra de un hombre que sin esforzarse en el armado de una falsa denuncia contundente consiguió desbaratar la reputación de un hombre, de una familia y si se me permite del mismo grupo de tácticas especiales ya que quedaron en evidencia por la falta de profesionalidad en la filmación que grabó la Policía y que recorrió todos los medios. Esta persona tuvo la impunidad de jugar con nuestras vidas, con el sistema, expuso a los garantes que le facilitaron pergeñar su siniestro plan. ¿Esta inconciencia no tendrá consecuencias? Tanto él como su hermana cometieron perjurio en el juicio de primera instancia, ambos complotaron para destruirnos emocional y económicamente, ambos reafirmaron la mentira con la que se originó todo esto. ¿Con qué avenencia contaron para facilitarles la concreción de semejante desastre sin precedentes? ¿Qué hizo que una denuncia que podría haberse encuadrado dentro de lo intrafamiliar llegará a generar un operativo de esta magnitud? ¿Por qué tanto ensañamiento? Estando mi esposo con arresto domiciliario recibe una prohibición de acercamiento, yo recibo una prohibición de acercamiento para salvaguardar la integridad física de la ex pareja de mi hija, cinturón negro de karate.

La causa de amenazas calificadas cae por falta de sustento y la causa por tenencias de armas ilegales se desestima al presentar la documentación que acredita a mi esposo como legítimo usuario hasta el 2023, en el juicio de primera instancia. Prevaleciendo la causa de intento de homicidio agravado por ser las victimas policías, por la que fue condenado a 5 años y 4 meses de prisión. Este fallo fue apelado tanto por la Fiscalía como por nuestra defensa. En la audiencia de apelación se dictamina la absolución de culpa y cargo a mi esposo, ya que nunca supo que eran policías llevando adelante un allanamiento legal, técnicamente el proceder de mi esposo califica como error indirecto invencible.

Aquí estamos, queriendo reconstruir nuestras vidas con la normalidad que esta tragedia nos dejó. El temor de que este hombre nos vuelva a perjudicar persistirá por mucho tiempo. Fuimos traicionados vilmente por alguien de nuestro entorno cercano, fuimos desamparados y maltratados por una Justicia que solo priorizó una versión de los hechos.

No obstante, como los Sánchez Argüello somos personas de bien, con valores firmes, sobre la base del respeto, la ética y el honor, quiero agradecer infinitamente en primer término a los doctores Rodríguez quienes pudieron sortear con oficio y profesionalismo los avatares de este caso, al señor Mario Besedniak por su acompañamiento terapéutico y su apoyo incondicional, gracias por todo.

Gracias a los miembros del Tribunal de Apelación por hacer justicia y poner luz a todo esto.

A nuestros amigos incondicionales, a nuestra pequeña familia que nos contuvo y sostuvo en todo momento. Un genuino agradecimiento a los policías honestos y educados que tuvimos la suerte de conocer en este tiempo, son pocos, pero son los que marcan la diferencia, los admiro, conocer los entretelones de tan cuestionada institución y seguir poniéndole el cuerpo con hidalguía día tras día los hace grandes personas.

Finalmente quiero agradecer el espacio. Gracias por escuchar mi verdad”.

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