El conflicto paritario que mantiene en vilo al complejo agroexportador del Gran Rosario escaló a niveles de enfrentamiento político directo. En diálogo con el programa Con Sentido Común de Radio Fisherton, Gustavo Idígoras, presidente de la Cámara de la Industria Aceitera (CIARA) y el Centro de Exportadores de Cereales (CEC), no solo desestimó las demandas salariales de los gremios, sino que puso sobre la mesa la verdadera naturaleza de la disputa: una estrategia de posicionamiento político nacional financiada por una caja sindical que, según sus palabras, mueve cifras siderales.
“Lo que están buscando es un paro nacional vinculado con la aspiración política de ir contra la política económica nacional”, sentenció Idígoras minutos antes de ingresar a la reunión presencial en la Secretaría de Trabajo. Según el dirigente empresarial, el objetivo de la Federación Aceitera y el SOEA es tomar el control del flamante frente sindical Fresu, utilizando la industria como “pieza de caza” para proyectarse como gremios “duros y rebeldes”.
La caja sindical: millones de dólares en juego
Uno de los puntos más críticos de la entrevista fue la revelación sobre el origen de los recursos que sostendrían este nuevo despliegue político sindical. Idígoras fue tajante al describir el esquema de recaudación: “Estamos hablando casi seis puntos por mes de cuota sindical y cuota solidaria obligatoria que se le retiene a todos los trabajadores, más el 40% de cualquier incremento salarial del primer mes que va directo a la caja sindical”.
El presidente de CIARA no dejó lugar a dudas sobre el volumen de esos recursos: “Acá estamos hablando de ingresos superiores a los 20 millones de dólares; una negociación sindical como la que plantean del 20% significaría que ellos se llevarían al bolsillo 3 millones y medio de dólares”. Para Idígoras, esa masiva acumulación de fondos no busca mejorar el salario del trabajador, sino solventar la estrategia de “grandes ligas” que busca la dirigencia gremial, recordando incluso antecedentes de campañas políticas multimillonarias en la región, como la reciente contienda por la intendencia de Puerto San Martín.
La rentabilidad del sector: “Estamos en una rentabilidad ínfima”
Ante la narrativa instalada sobre las supuestas ganancias extraordinarias de la agroexportación, Idígoras salió al cruce con números técnicos. “Como en Argentina cada segmento industrial tiene una mitología, la del agro es que son millonarios. Pero cuando peinás la rentabilidad del sector, son márgenes muy chicos, de grandísimos volúmenes, pero rentabilidades ínfimas: del 1 al 1,5%”, explicó.
El dirigente remarcó que el sector compite directamente contra potencias como Brasil y Estados Unidos, donde los costos laborales están bajo una lupa constante. “Hoy, en dólares, los 4,8 millones de pesos de salario promedio en el sector son superiores al salario medio de un aceitero exportador en Estados Unidos. Cualquier cosa que vaya por encima de la inflación de manera sideral te saca de la cancha”, advirtió, dejando claro que el límite no es una cuestión caprichosa, sino una necesidad de supervivencia para mantener los puestos de trabajo.
La “propuesta irresistible” y el costo del paro
El conflicto, según la visión empresaria, tiene una solución técnica simple que los gremios se niegan a aceptar. CIARA ha propuesto una actualización salarial mensual basada en el índice de inflación del INDEC, una fórmula que, según Idígoras, garantiza que nadie pierda poder adquisitivo.
Sin embargo, el escenario apunta a un paro por tiempo indeterminado, el cual calificó como un suicidio para el bolsillo del trabajador: “Por día, cada trabajador pierde 160.000 pesos. Si lo llevas a la semana, son 960.000 pesos. Es decir, casi 1 millón de pesos que se le restan al bolsillo de las familias aceiteras”.
“El debate salarial se torna irrelevante a esta hora. Si ellos quieren hacer política, que la hagan, pero que no hipotequen el salario aceitero ni los ingresos de toda la cadena de valor”, cerró Idígoras, mientras el reloj corre hacia el vencimiento de la conciliación obligatoria este 25 de junio, fecha límite que marcará si el Cordón Industrial entra en una parálisis que afectará no solo a los trabajadores, sino al productor, al transportista y al ingreso de divisas de todo el país.







