La periodista sanlorencina, Anabela Tramontini, reconstruyó un pasado de muerte y asesinatos que tiene relación no con el movil del crimen de Gastón pero si con una situación de violencia extrema en la región de Capitán Bermúdez y Granadero Baigorria. El hallazgo del cuerpo de Gastón Montenegro (25), asesinado de dos disparos y enterrado clandestinamente en un camino rural de Serodino, no solo fue un mazazo para la tranquilidad del Cordón Industrial; también puso de relieve una trama de violencia endémica que, lejos de ser nueva, parece tener raíces profundas y, en ocasiones, familiares.
Mientras los fiscales avanzan en la investigación por el secuestro y homicidio de Gastón —con dos detenidos y la búsqueda activa del principal sospechoso, Diego Blanco Pachetto—, otro nombre resuena en los tribunales: el de Valentín Mauro Montenegro (23), hermano de la víctima, quien actualmente se encuentra privado de su libertad cumpliendo una condena por un homicidio que cometió cuando apenas tenía 17 años.
Dos causas, una misma geografía
Es vital separar los hechos para entender la complejidad del territorio. Fuentes judiciales han sido enfáticas: se trata de investigaciones independientes, desarrolladas en contextos diferentes y con actores distintos. Mientras el crimen de Gastón es una causa en pleno desarrollo, el homicidio por el cual su hermano fue sentenciado pertenece a una vieja guerra de bandas que marcó a Fray Luis Beltrán y Capitán Bermúdez hace seis años.
El 17 de julio de 2020, Nahuel Oliva fue asesinado en calle Las Heras al 500, en Fray Luis Beltrán. En aquel momento, el fiscal Maximiliano Nicosia sostuvo que el crimen se produjo en un enfrentamiento entre grupos narco. Según la acusación, Valentín Mauro Montenegro integraba la estructura liderada por Marco Leonel Gutiérrez, un referente criminal que, bajo la fachada de vendedor de autos, escondía una red de comercialización de estupefacientes que disputaba el control de la zona contra las bandas de “Los Rodríguez” y “Los Gonzáles”.
El prontuario de esa época es la radiografía de una “ciudad oscura” que pocas veces sale a la luz. Esos mismos grupos fueron los que, años atrás, dejaron su sello de sangre en casos como el asesinato de Any Rivero (2014) frente al boliche Stone.
La red de Gutiérrez: el “empresario” narco
Para entender el entorno en el que creció el hermano de Gastón, hay que mirar a Marco Leonel Gutiérrez (33). En 2025, la Justicia Federal desnudó la vida de quien fingía ser un simple gestor de vehículos pero que acumulaba una flota de alta gama: un Audi TT, un BMW 323, una Fiat Toro y otros rodados que terminaron siendo la evidencia de una vida de lujos financiada por la droga.
La causa federal, que derivó en la condena de catorce personas, dejó frases que helaron la sangre. Como la de Nicolás “Caffeína”, un soldado de esta red, quien le confesó a su madre en una escucha telefónica: “Estoy tirado. No quiero matar a más gente, mami. Me pudrí de matar gente… Por treinta lucas, mami, boleteé a una persona que no sabía ni quién era”.
Esa es la realidad del Cordón Industrial: jóvenes descartables en una guerra de “dos con cincuenta”.
La voz de la madre: “Gastón no era parte de esto”
En medio de la estigmatización que rodea al apellido tras conocerse el prontuario del hermano, Carina, la madre de Gastón Montenegro, rompió el silencio. Con la voz entrecortada, pero firme, negó cualquier vínculo de su hijo asesinado con la actividad narco que consumió la vida de su otro hijo.
“Mi hijo ya fue investigado. Sí pudo haber tenido un tema de consumo, pero no era problemático. No debía ni vendía”, sostuvo Carina, rechazando rotundamente las versiones que circulan en la opinión pública. Para la madre, Gastón no estaba inmerso en la red de sicariato de la que formó parte su hermano, marcando una línea divisoria entre la fatalidad de la violencia narco que rodea al entorno y la vida que llevaba el joven árbitro asesinado.
Un territorio que sigue ardiendo
La trama que investigan los fiscales hoy no es ajena al pasado. El prófugo Daniel Blanco Pachetto es un nombre que resuena en las oficinas de inteligencia federal como un dealer histórico de Capitán Bermúdez. Su paradero es el eslabón perdido de una cadena de homicidios que, desde 2014 hasta hoy, ha transformado al cordón en un refugio de crimen organizado.
La Justicia tiene ahora dos desafíos: cerrar el expediente de Gastón Montenegro con la captura de Pachetto y, en paralelo, evitar que la sombra del narco siga reclutando jóvenes de 17 años para convertirlos en sicarios, tal como ocurrió con Valentín Montenegro en 2020. Por ahora, el apellido Montenegro sigue ligado a la crónica policial, pero la verdad de Gastón aún espera una sentencia que separe el contexto de la responsabilidad criminal.







