La navegación en el corazón del Up River santafesino volvió a quedar bajo la lupa tras un violento impacto en la zona de rada de Rosario. El hecho no solo generó preocupación por los daños materiales y el riesgo operativo en el canal, sino porque involucra a un buque con un preocupante historial reciente y expone los límites físicos y de maniobrabilidad que hoy tiene la hidrovía.
La mecánica del accidente: malas maniobras y zonas prohibidas
El siniestro se desencadenó cuando el remolcador de empuje HB Perseus navegaba aguas abajo con su correspondiente convoy de barcazas cargadas. Según las primeras informaciones recabadas por los peritos navales, una combinación de factores logísticos y de posicionamiento provocó el impacto:
- La maniobra de esquive: El remolcador se vio obligado a apartarse del canal principal de navegación para ceder el paso de manera segura a otro buque de gran porte que también venía de bajada.
- Posicionamiento antirreglamentario: Al abrirse para dar paso, el convoy se topó con el buque Ginga Bobcat, el cual se encontraba detenido. Las primeras precisiones de las autoridades de control indican que el barco estaba ubicado en una zona estrictamente prohibida para fondear, reduciendo drásticamente el espacio de maniobra en la rada.
- La colisión: Debido a las enormes dimensiones y la inercia del convoy de barcazas, el HB Perseus no pudo corregir el rumbo a tiempo, provocando el fuerte impacto contra la estructura del buque.
El Ginga Bobcat: un buque con “antecedentes”
La irrupción del Ginga Bobcat en este nuevo accidente encendió alertas duplicadas en las terminales portuarias. Se trata del mismo barco químico que apenas unas semanas atrás, el 27 de abril, protagonizó un impactante y cinematográfico choque en el Puerto de Zárate, cuando perdió el control y terminó golpeando violentamente contra dos embarcaciones que se encontraban amarradas en los muelles de dicha terminal. Su reiterada participación en incidentes graves pone el foco sobre los controles de su tripulación y sus sistemas de propulsión.
El debate de fondo: La presión paraguaya y el riesgo ambiental
Más allá de las responsabilidades particulares, este accidente opera como un argumento empírico de peso en una batalla geopolítica y técnica que se libra en la hidrovía. Desde hace meses, los armadores y empresas fluviales paraguayas vienen presionando fuertemente a la Prefectura Naval Argentina y a las autoridades de aplicación para que se autorice un incremento en la cantidad de barcazas permitidas por cada remolcador de empuje en los tramos de bajada.
La colisión del HB Perseus expone precisamente lo que los prácticos y especialistas argentinos vienen advirtiendo: aumentar las dimensiones de los convoyes sin un ensanchamiento previo de la Vía Navegable Troncal equivale a multiplicar el peligro de desgobierno. Un convoy sobredimensionado, ante contingencias comunes como el esquive de un buque o la mala ubicación de un tercero, pierde la capacidad de frenado y giro, transformándose en una masa ingobernable de miles de toneladas flotantes que amenaza la infraestructura de los puertos y la seguridad ambiental del Río Paraná.







