El calendario aceitero tiene marcadas dos fechas en rojo que definen el pulso de la región: el martes 23, cuando las partes se vean las caras en la Secretaría de Trabajo de la Nación, y el miércoles 25, jornada en la que cae el telón de la conciliación obligatoria. La tensión no es casual; el escenario actual recuerda a los momentos más álgidos de la historia portuaria, cuando la CGT San Lorenzo y el SUPA, bajo el mando de Herme “Vino Caliente” Juárez, paralizaban la economía regional en disputas interminables.
Los fantasmas del pasado y la nueva estrategia de CIARA
La situación actual, salvando las distancias temporales, resuena en los pasillos portuarios. Aquella época en la que se negociaban las tarifas de la estiba y se discutía el monopolio de la Cooperativa de Trabajos Portuarios —un esquema de poder que solo se fracturó tras las detenciones e intervenciones judiciales— parece tener puntos de contacto con la lógica del conflicto presente.
En este tablero, el presidente de CIARA, Gustavo Idígoras, ha cambiado la táctica. La industria no solo discute el porcentaje salarial, sino que ha puesto sobre la mesa la cuantificación de los ingresos por cuotas sindicales que recibirían los gremios si se aplicara el 20% de aumento pretendido. Es una movida de ajedrez político-financiero que busca desgastar la legitimidad del reclamo frente a la opinión pública, una estrategia que los dirigentes gremiales, naturalmente, rechazan con vehemencia.
La encrucijada de Succi: política y ambición
Daniel Succi, quien hoy encabeza el gremio, parece haber tomado nota de las declaraciones recientes tras su paso por FM La Radio. Sin embargo, no puede ignorar el peso de la historia: la gestión gremial en la región ha pagado caro el intento de “ocupar muchos sillones a la vez”.
El antecedente de Herme Juárez, quien alcanzó la intendencia de Puerto San Martín para luego renunciar en medio de cuestionamientos por una gestión fallida, es un recordatorio constante. El actual intento del sindicato de jugar fuerte en la política local —con candidatos propios a la intendencia de Puerto San Martín— evoca esas “alquimias” que, en la historia reciente de la región, siempre terminaron mal. Cuando los dirigentes se rodean de un “coro de aplaudidores” que se benefician de la ambición del líder, el riesgo de perder el norte en la defensa del trabajador se vuelve peligrosamente alto.
La trampa de los números
El conflicto se resume hoy en una brecha que parece insalvable: el 20% pretendido contra el 0,9% ofrecido. Para las bases, no hay margen de maniobra. Las expectativas de ingreso ya fueron calzadas al 20%; cualquier cifra por debajo de eso será leída, inevitablemente, como una derrota sindical.
Succi sabe que entrar en un paro por tiempo indeterminado sin una luz clara al final del túnel es un riesgo que podría desgastar la estructura del gremio. La experiencia de los conflictos de antaño —como aquel paro de 16 días que bloqueó las exportaciones— sirve como espejo: a veces, el fixture es demasiado difícil y la táctica política puede volverse en contra.
La semana que comienza será, sin duda, una bisagra. El gremio se juega su credibilidad frente a unas bases que esperan resultados concretos, mientras la industria, con récord de exportaciones, parece decidida a plantar bandera. Los aceiteros tienen ante sí un fixture que no admite errores.








